Cancún, Quintana Roo.— Si alguien pensó que el espíritu navideño venía acompañado de paz, amor y buena atención médica, basta con darse una vuelta por el Hospital General de Zona No. 510 del IMSS en Cancún para perder toda ilusión. Ahí, la tradición decembrina no son los villancicos ni el ponche, sino las filas interminables y la ausencia casi mítica de médicos.
Desde temprana hora, cientos de derechohabientes acudieron con la esperanza —ingenua, según quedó demostrado— de obtener una cita, una incapacidad o al menos una receta. Muchos se retiraron con algo muy distinto: dolor de piernas, frustración acumulada y la amarga certeza de que en el IMSS la paciencia es obligatoria y la atención médica, opcional.

Personas adultas mayores, pacientes con discapacidad y ciudadanos visiblemente enfermos permanecieron durante horas esperando alguna explicación sobre la falta de médicos. Spoiler: la explicación nunca llegó. El subdirector brilló por su ausencia y las respuestas oficiales se diluyeron entre los pasillos saturados y el murmullo del descontento.
Mientras tanto, desde oficinas con aire acondicionado, el delegado estatal del IMSS insiste en que los hospitales del instituto ofrecen “la mejor atención en Cancún”. Una atención tan exclusiva que nadie logra verla. Atención de discurso, pero no de ventanilla.

En la realidad cotidiana, la del pueblo formado desde la madrugada, el IMSS 510 ofreció una postal del abandono institucional: ventanillas lentas, personal rebasado, desorganización generalizada y un trato que parecía competir en un maratón… de resistencia ciudadana. Si había médicos de vacaciones, nadie avisó. Si existía un plan de contingencia, nadie lo conoció. Y si hubo empatía, definitivamente no llegó al turno.
Por ello, el reclamo comienza a escalar. A ver si alguien escucha en niveles más altos: la gobernadora Mara Lezama, la presidenta municipal Ana Paty Peralta y las autoridades federales de salud. No se trata de un favor, sino de una responsabilidad. Gobernar también implica coordinar, supervisar y responder, incluso —y sobre todo— en temporadas donde la gente se enferma más y descansa menos.

La salud no entiende de vacaciones, pero parece que algunos funcionarios sí. Y mientras ellos descansan, el ciudadano espera: sentado, de pie, enfermo, indignado… pero esperando.
Eso sí, con espíritu navideño. Porque en el IMSS 510 de Cancún, la esperanza es lo último que se pierde, aunque la consulta nunca llegue.



