La pantalla se apagó y con ella se fue algo más que una función de cine. El reciente cierre de una sala de Cinemex en Chetumal dejó un vacío que trasciende lo comercial y se convierte en un símbolo del momento que atraviesa la capital de Quintana Roo: estancamiento económico, falta de espacios de convivencia y una percepción creciente de abandono.

Aunque el cierre ha sido presentado como un “ajuste comercial”, para muchos ciudadanos representa la pérdida de uno de los pocos lugares accesibles de recreación y esparcimiento. No se trataba solo de un cine, sino de un refugio del calor, un escape del ruido cotidiano, un punto de encuentro para familias, jóvenes y parejas, donde por un par de horas se compartían risas, lágrimas y sueños frente a la pantalla.

Hoy, las luces se encienden no para anunciar el final de una función, sino para confirmar que no habrá más funciones. Quedan las butacas vacías, los pasillos en silencio y la sensación de una ciudad que va perdiendo espacios culturales y sociales, mientras el discurso oficial insiste en hablar de progreso y desarrollo.

El cierre del cine reabre cuestionamientos entre la ciudadanía: ¿dónde quedó el desarrollo prometido para Chetumal?, ¿dónde están las inversiones y los proyectos que impulsen la economía local?, ¿cuál es la visión a futuro para la capital del estado?

Para muchos chetumaleños, este hecho no es aislado, sino parte de un apagón lento y constante que afecta la vida económica y cultural de la ciudad, dejando la inquietud de que, sin acciones concretas, más espacios podrían desaparecer, profundizando la sensación de rezago en la capital de Quintana Roo.




