lunes, junio 15, 2026
spot_img
InicioLa cosa es la políticaEl Baile del mundial y la Realidad Mexicana

El Baile del mundial y la Realidad Mexicana

Ads

La cosa es la politica.
Por Ramón Aguilar
Pulso Sur
¡Ah, México! Esa tierra de contrastes donde la realidad supera a la ficción y los números, a
veces, parecen sacados de un cuento de hadas… o de terror, según el cristal con que se miren.
Nuestros preclaros economistas y las infalibles agencias calificadoras, esas oráculos
modernos, nos han entregado su veredicto. Y como siempre, la cosa es la política, y la
política, mis queridos lectores, es un arte que domina la prestidigitación.
Nos dicen que estamos en grado de inversión. ¡Albricias! Fitch nos pone un “BBB-“,
Moody’s un “Baa3”. Ambos, para el que no sepa de estas sutilezas, son el último escalón
antes de caer al infierno de la especulación. Es como decir que su coche está en la orilla del
precipicio, pero aún no se ha caído. ¡Qué tranquilidad! S&P, con su habitual pesimismo
realista, nos da un “BBB” pero con perspectiva negativa. Es decir, nos ven con cara de pocos
amigos y ya nos advierten que, si seguimos por este camino, el “BBB” podría convertirse en
un “BBB-” o peor. ¿Y R&I? Ah, R&I nos da un “BBB+” con perspectiva estable. Siempre
hay un optimista en la sala, ¿verdad? O quizás, simplemente, no ha revisado los mismos datos
que los demás. La cosa es que, mientras los políticos se dan palmadas en la espalda por
mantener el “grado de inversión”, la verdad es que estamos bailando en la cuerda floja, con el
abismo a un paso.


Luego viene el tema del crecimiento económico. Para 2025, la OCDE nos pronostica un
raquítico 0.7%. ¡Casi un estancamiento! Banxico, siempre más optimista (o más presionado),
habla de un crecimiento limitado por la “consolidación fiscal”. Traducción: nos van a apretar
el cinturón hasta que chirríe. Para 2026, la cosa mejora, dicen. Banxico sube su pronóstico a
1.6%, y la OCDE se suma al coro con un 1.5%. Es decir, creceremos, sí, pero a paso de
tortuga reumática. Un crecimiento que apenas se sentirá en el bolsillo del ciudadano de a pie,
pero que en los discursos oficiales sonará a victoria épica. La cosa es que, con estos números,
la prosperidad prometida parece más un espejismo en el desierto que una realidad tangible.
Y qué decir de la tan cacareada devaluación. ¿Viene o no viene? Los expertos, con su
habitual ambigüedad, nos dicen que no será una “devaluación abrupta”, sino una
“depreciación gradual”. Es decir, el peso se irá desinflando poco a poco, como un globo al
que se le escapa el aire por un agujerito imperceptible. Para finales de 2026, el dólar podría
rondar los 18.20 pesos, según Citi, o incluso llegar a 18.72, según otros. Una “depreciación”
del 3.4% anual. ¡Qué eufemismo tan elegante para decir que nuestro dinero valdrá menos!
Los factores de riesgo, por supuesto, son los de siempre: el diferencial de tasas con Estados
Unidos y, ¡oh sorpresa!, la incertidumbre política y la eterna sangría de Pemex. La cosa es

que, mientras nos venden la estabilidad, el bolsillo del mexicano ya siente el pellizco. en los
supermercados todo sube de manera silenciosa y gradual, mes a mes.
Finalmente, la deuda pública. Nos informan con bombo y platillo que la relación deuda/PIB
está en un “sostenible” 50% a abril de 2026, una baja desde el 52.6% de 2025. ¡Bravo! Pero
la realidad es que la deuda interna, esa que pagamos todos los mexicanos con nuestros
impuestos, sigue siendo la más grande. Y aunque la deuda externa ha disminuido, no nos
engañemos, el pastel sigue siendo enorme. Nos dicen que la mayor parte está en moneda
nacional y a tasa fija, lo que reduce el riesgo. ¡Qué alivio! Pero las “presiones fiscales” para
reducir el déficit a 3.5% o 3.0% del PIB significan una cosa: menos gasto, menos inversión,
menos oportunidades. La cosa es que, al final del día, la deuda es deuda, y alguien la tiene
que pagar. Y ese alguien, mis queridos, somos siempre nosotros.


Pero no todo es gris, mis estimados. En medio de este panorama de equilibrios precarios y
malabares financieros, ha llegado un “tanque de oxígeno” inesperado, o quizás, muy bien
calculado: el Mundial de la FIFA 2026. ¡Ah, el fútbol! Ese opio del pueblo que, de vez en
cuando, también es bálsamo para la economía. Nos dicen que la justa mundialista inyectará
entre 3,000 y 4,050 millones de dólares a la economía nacional 18. ¡Casi nada! El turismo se
disparará, con un 44% más de visitantes y un gasto que crecerá un 48% 19. Hoteles,
restaurantes, tiendas de souvenirs, hasta el taquero de la esquina, todos verán su agosto. Se
habla de inversiones millonarias en infraestructura, especialmente en movilidad para las
ciudades sede 20. Y, por supuesto, la creación de empleos temporales, que siempre vienen
bien para maquillar las cifras. Es el bálsamo perfecto para un crecimiento anémico, una
inyección de adrenalina que, aunque efímera, permite a los políticos presumir de “dinamismo
económico” y desviar la atención de las cifras menos halagüeñas. La cosa es que, a veces, un
buen gol en la cancha vale más que mil discursos en el Congreso.


Así que, mientras los números bailan al son que les tocan los políticos y los analistas, la
realidad mexicana sigue su curso. Con un grado de inversión que pende de un hilo, un
crecimiento anémico que se maquilla con el fervor futbolero, una “depreciación” disfrazada
de estabilidad y una deuda que, aunque “sostenible”, sigue siendo una losa. La cosa es la
política, y en México, la política es el arte de hacer malabares con la verdad para que la
función continúe. Y nosotros, el público, aplaudimos, o al menos, intentamos no caernos del
asiento.

RELATED ARTICLES

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -

+ POPULAR