BACALAR, Quintana Roo.— En un escenario político donde cada vez más mujeres asumen un papel protagónico en la toma de decisiones, el nombre de Astrid González Buenfil comienza a consolidarse como una de las figuras femeninas con mayor presencia y proyección dentro de la vida pública de Bacalar.
Actual síndica municipal, González Buenfil ha construido su trayectoria a partir del trabajo institucional, la cercanía con las comunidades y una identidad profundamente ligada a las raíces históricas del municipio.
Su historia personal refleja el arraigo que mantiene con Bacalar. Es la única mujer entre cuatro hermanos y recuerda una infancia marcada por la energía, el carácter inquieto y el cariño de su padre, Gaspar González Zárate, conocido por generaciones de bacalarenses como “Pimienta”, uno de los personajes más reconocidos y apreciados de la comunidad.
“Fui muy traviesa de chica, pero también muy consentida por mi papá. Él fue mi héroe y aunque tristemente partió de este mundo, me dejó llena de herramientas para enfrentar la vida”, recuerda Astrid al hablar de quien considera su principal ejemplo de trabajo, esfuerzo y perseverancia.



Desde muy joven mostró una personalidad decidida e independiente. Astrid recuerda que a los 12 años ya había aprendido a manejar y que lo hacía nada menos que en un tráiler, bajo la supervisión de su padre. Esa experiencia, poco común para una niña de su edad, refleja el entorno de trabajo y responsabilidad en el que creció, así como el carácter firme que la distingue hasta hoy.
Los valores de servicio y solidaridad que hoy caracterizan a Astrid González Buenfil tienen origen en su historia familiar. Sus abuelos, Conchita Zárate y Gaspar González “Pimienta”, fueron ampliamente conocidos en Bacalar por ayudar a la gente sin distinciones, convirtiéndose en referentes de generosidad y apoyo comunitario.
Familiares y habitantes del municipio recuerdan a ambos como personas de puertas abiertas, siempre dispuestas a tender la mano sin esperar nada a cambio. Esa filosofía de vida fue transmitida de generación en generación y permanece vigente en la familia González.



