En varias comunidades de la franja que conecta a Campeche con Quintana Roo, los cortes y fallas en el suministro eléctrico forman parte de la rutina. En ese contexto, la labor de don Victorino, un hombre de 70 años también conocido como “El Pichurris”, se ha vuelto clave para intentar evitar sobrecargas y mantener el servicio funcionando en la zona.
Más allá del apodo y de la anécdota, el caso refleja una realidad que enfrentan muchas localidades del sureste del país: la fragilidad de la red eléctrica en regiones donde cualquier variación puede dejar sin energía a varias comunidades a la vez. La historia retrata a personas que, desde el trabajo cotidiano y con recursos limitados, se convierten en un apoyo esencial para vecinos que dependen de un suministro estable.
Un trabajo que ayuda a prevenir apagones
De acuerdo con la información disponible, don Victorino se encarga de realizar ajustes y maniobras para evitar que la energía se sobrecargue entre Campeche y Quintana Roo. Esa tarea, aunque no siempre visible para el resto de la población, permite reducir el riesgo de interrupciones en el servicio que afectan a siete comunidades.
El valor de este tipo de trabajo radica en su carácter preventivo. En redes eléctricas con presión constante, pequeñas acciones de control pueden marcar la diferencia entre mantener el servicio o enfrentar fallas repetidas. Para los habitantes, eso se traduce en continuidad para actividades básicas como conservar alimentos, estudiar por las noches o usar aparatos indispensables en casa.
La vida diaria frente a la incertidumbre eléctrica
Las fallas de energía no solo implican incomodidad. En comunidades con servicio intermitente, también afectan el trabajo, la comunicación y la economía doméstica. Por eso, la labor de personas como don Victorino adquiere una dimensión comunitaria: no se trata solo de resolver un problema técnico, sino de sostener condiciones mínimas para la vida cotidiana.
El caso también pone sobre la mesa el papel de quienes operan y conocen de cerca las necesidades locales. En zonas alejadas de los grandes centros urbanos, muchas soluciones dependen de la experiencia acumulada y del compromiso de vecinos que entienden cómo responder ante una red vulnerable.
Una historia que revela necesidades estructurales
Aunque la labor de don Victorino representa un alivio para las comunidades atendidas, la situación muestra también una necesidad más amplia: contar con infraestructura eléctrica más robusta y confiable. Mientras eso ocurre, el trabajo de campo y la atención directa siguen siendo fundamentales para contener los efectos de las fallas.
La historia de “El Pichurris” destaca, en suma, una mezcla de ingenio, experiencia y servicio comunitario. En una región donde la energía puede fallar con frecuencia, su intervención ayuda a sostener algo tan básico como mantener encendida la luz en siete comunidades.
Conclusión
La historia de don Victorino muestra cómo, en comunidades con fallas constantes de energía, el trabajo de una sola persona puede tener un impacto real en la vida cotidiana de cientos de habitantes.



