domingo, mayo 31, 2026
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Cuitláhuac: El Guerrero que Derrotó a Cortés y Cambió el Destino (por 80 días)

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Colaboración Especial del Maestro Héctor Navarrete Mendoza

En la memoria de México, hay nombres que brillan con luz propia, no solo por haber sido grandes gobernantes, sino por haber sido los únicos que lograron detener el avance de los conquistadores españoles. Uno de esos nombres es Cuitláhuac, el tlatoani que, en apenas ochenta días, hizo lo que nadie más pudo: Derrotar militarmente a Hernán Cortés y expulsarlo de Tenochtitlan.

Una historia de genio militar, valentía y un destino cruel que nos deja la eterna pregunta: ¿Qué habría pasado si hubiera vivido más tiempo?


Todo comenzó en los días más tensos de la ocupación española. Cuitláhuac, hermano de Moctezuma II, había sido hecho prisionero junto con su pariente por las huestes de Cortés. Sin embargo, ante el descontento creciente de la población mexica y la pérdida de control de Moctezuma “quien ya era visto como un gobernante sometido y sin autoridad”, los propios españoles decidieron liberar a Cuitláhuac.


Su propósito:


Que fuera él quien calmara a la gente, quien apaciguara los ánimos y devolviera el orden. Fue el error más grande que pudieron cometer.


Porque Cuitláhuac no vino a calmar, vino a organizar la guerra. Apenas recuperó su libertad, entendió que la presencia extranjera era una amenaza total y que la única salida era la expulsión definitiva.


Cuando Moctezuma murió ya fuera por mano de los invasores o por la furia de su propio pueblo, el 16 de septiembre de 1520, los señores mexicas eligieron a Cuitláhuac como nuevo Tlatoani, el jefe supremo. Y él no perdió un solo instante.


La obra maestra de su estrategia ocurrió la noche del 30 de junio de 1520, fecha que para los españoles pasó a la historia como la Noche Triste, y para los mexicas como la Noche Victoriosa.


Cortés, viendo que el cerco se cerraba y que su posición era insostenible, intentó huir de la ciudad bajo el manto de la oscuridad, cargando con todo el oro, la plata y las joyas que había saqueado. Pero Cuitláhuac lo sabía todo. Había preparado la emboscada perfecta: guerreros en las calzadas, canoas llenas de combatientes en los canales, puentes removidos, todo calculado al detalle.


El resultado fue devastador para los invasores.


Las crónicas relatan que murieron entre 600 y 1,200 soldados españoles, cifra altísima para el tamaño de su ejército original. Perdieron decenas de caballos, animales que para ellos eran fundamentales y casi invencibles, toda su artillería, armas y, lo más doloroso para Cortés, el inmenso tesoro acumulado, que se hundió para siempre en las aguas del lago Texcoco. Se cuenta que, al llegar al otro lado, a salvo pero vencido, Hernán Cortés se sentó bajo un viejo ahuehuete y lloró amargamente su desgracia.


Era la primera, y única vez, que era derrotado en batalla abierta en estas tierras.


Pero Cuitláhuac no se conformó con haberlos echado. Sabía que era solo el principio. Su plan era destruirlos por completo antes de que pudieran reagruparse o buscar alianzas con otros pueblos. Convocó entonces a la fuerza militar más grande vista hasta ese momento en Mesoamérica: más de 500,000 guerreros, divididos en tres grandes divisiones provenientes de las ciudades más poderosas de la Triple Alianza: Tlacopan, Texcoco y Xochimilco. Era un ejército inmenso, miles de veces superior al puñado de hombres que quedaban con Cortés. Tenía la estrategia, tenía el valor, tenía el apoyo de las ciudades aliadas y tenía la moral alta tras la victoria.

La destrucción de los españoles parecía inevitable.


Sin embargo, la historia tiene giros inesperados, y el más cruel de todos llegó en forma de enfermedad. Desde hacía meses, una epidemia desconocida traída por los europeos la viruela se había esparcido por el continente, matando a miles de personas que no tenían defensas contra ella.


En noviembre de 1520, apenas ochenta días después de haber sido nombrado gobernante y cuando ya tenía todo listo para el ataque final, la enfermedad alcanzó a Cuitláhuac. Murió en pleno ejercicio del poder, sin ver cumplido su sueño de libertad.


Su muerte fue una catástrofe mayor que cualquier derrota militar. Porque Cuitláhuac no era solo un guerrero, era el único líder que había demostrado saber cómo vencer a los españoles: conocía sus puntos débiles, entendía sus tácticas y sabía cómo usar el terreno y la fuerza numérica a su favor. Con él desapareció la mente estratégica que pudo haber cambiado el rumbo de la conquista.


Después de él, otros gobernantes tomaron el poder, pero ninguno logró igualar su éxito.


Cortés, lejos ya de su mayor amenaza, tuvo tiempo de sobra para aliarse con los enemigos de los mexicas, reconstruir sus fuerzas y, un año después, en agosto de 1521, regreso a sitiar y conquistar Tenochtitlan, dando fin al gran imperio.


Queda entonces la pregunta eterna, la que cada vez que recordamos a Cuitláhuac y nos asalta: ¿Qué habría pasado si hubiera tenido solo ochenta días más? ¿Habría aniquilado a Cortés? ¿Habría reorganizado el imperio para resistir? ¿Habría cambiado para siempre la historia de México? Nunca lo sabremos. Pero sí sabemos esto: durante 80 días, Cuitláhuac hizo temblar al conquistador, recuperó la ciudad y demostró que el imperio mexica tenía la capacidad de ganar pasando a la historia como el único que pudo derrotar al invasor!.


Su nombre merece ser recordado no solo como un gobernante más, sino como el único hombre que venció a Hernán Cortés, y cuya vida fue cortada justo cuando estaba a punto de escribir la página más gloriosa en la historia de nuestro querido México Mágico.



Fuentes consultadas y sustento histórico:


1. Bernal Díaz del Castillo. Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España (1568): Cronista y soldado que participó en los hechos. Relata detalladamente la derrota española en la Noche Triste, el llanto de Cortés, las pérdidas humanas y materiales, y describe la figura y capacidad militar de Cuitláhuac.


2. Francisco López de Gómara. Historia de las Indias y Conquista de México (1552): Primer historiador oficial de la conquista. Documenta la elección de Cuitláhuac, su organización militar y la magnitud del ejército reunido (más de 500,000 guerreros divididos en tres divisiones).


3. Códice Florentino. Historia General de las Cosas de la Nueva España (Fray Bernardino de Sahagún, 1540-1585): Fuente primordial desde la visión indígena. Describe la liberación de Cuitláhuac, su estrategia de guerra, la victoria de 1520 y su muerte por enfermedad desconocida (viruela) a los 80 días de gobierno.


4. Códice Aubin / Códice de Tlatelolco: Documentos pictóricos y anales indígenas que registran las fechas exactas: elección el 16 de septiembre de 1520, fallecimiento en noviembre del mismo año, y resaltan que fue el único tlatoani que logró expulsar temporalmente a los invasores.


5. Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Historia Antigua de México: Estudios y síntesis históricas modernas que confirman las cifras de bajas españolas, la organización política de Cuitláhuac y el impacto decisivo de la epidemia en el desenlace de la guerra.

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