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Chetumal se prepara para el Janal Pixán: así se vive y cuánto cuesta mantener la tradición

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Chetumal afina los últimos preparativos para una de las celebraciones más arraigadas del calendario local: el Janal Pixán, o “comida de las ánimas”, que en la Península de Yucatán se desarrolla del 31 de octubre al 2 de noviembre. Entre limpieza de panteones, montaje de altares y compras para la ofrenda, la tradición vuelve a movilizar a familias, comerciantes y autoridades en la capital de Quintana Roo.

El trabajo ya comenzó en los cementerios municipales. En el Panteón Civil Municipal, que concentra alrededor de 4 mil 500 tumbas y ya no tiene espacios disponibles, se realizan labores de chapeo, reparación de pasillos, mantenimiento y fumigación. También en “Campos del Recuerdo”, recuperado por el Ayuntamiento en 2023 tras vencer una concesión, avanzan las tareas de limpieza y deshierbe, además de la preparación de un altar tradicional.

Una tradición que mezcla memoria, fe y costumbre

El Janal Pixán forma parte del amplio universo de celebraciones de Día de Muertos, pero en la región mantiene rasgos propios. Su sentido se organiza en tres días: el primero está dedicado a los niños fallecidos, el segundo a los adultos y el tercero a todas las ánimas, con una misa que suele realizarse en el cementerio. En los altares se colocan flores, veladoras, comida y otros objetos que recuerdan a quienes murieron.

La costumbre también conserva simbolismos que remiten a la cosmovisión maya y al sincretismo religioso. La ceiba, por ejemplo, se asocia con el vínculo entre el mundo de los vivos y el de los muertos, mientras que la cruz verde con huipil se interpreta como una incorporación posterior de la tradición católica.

Teresa Medina, promotora de estas prácticas, explicó que la ofrenda cambia según el día. Para los niños se acostumbra colocar dulces, panes pequeños, chocolate, flores, velas y atole; para los adultos, alimentos más abundantes y velas negras, en un ambiente de mayor solemnidad. Sin embargo, advirtió que el significado espiritual de la celebración enfrenta transformaciones, en especial entre los más jóvenes, que muchas veces la asocian más con disfraces y fiestas que con la visita a los difuntos.

El pibipollo, centro de la mesa y del gasto

En la cocina, el plato más representativo de estas fechas es el mucbipollo o pib, un tamal grande relleno de carne de cerdo y pollo, sazonado y cocido bajo tierra. Su preparación requiere masa, carnes, hojas de plátano, leña o carbón y tiempo. Para una receta de unas ocho porciones, el costo ronda los 500 pesos, de acuerdo con una estimación referida en la información consultada; comprarlo ya preparado puede costar entre 800 y mil pesos, según el lugar de venta.

Ese gasto también mueve la economía local. Osvaldo Vázquez, comerciante de carne de cerdo, prevé un aumento de hasta 50 por ciento en sus ventas por la demanda de insumos para altares y alimentos tradicionales. No todos los vendedores comparten ese optimismo: Anayancy, dedicada a productos para ofrendas, señaló que en días recientes la afluencia ha sido baja, aunque confía en un repunte conforme se acerque el fin de semana previo a la celebración.

Panteones llenos y llamado al orden

La afluencia esperada a los cementerios también obliga a reforzar medidas de organización. En “Campos del Recuerdo” se prevé una asistencia muy superior a la de un fin de semana común, mientras que el panteón municipal podría extender su horario de atención si las condiciones lo permiten. Las autoridades pidieron a los visitantes evitar envases de vidrio y moderar el consumo de alcohol, ante el riesgo de accidentes y porque en el recinto no hay baños públicos.

Más allá del gasto, la limpieza o la logística, la celebración conserva su valor principal: reunir a las familias en torno a la memoria. Como subraya la referencia patrimonial de la UNESCO sobre estas festividades, el encuentro con los difuntos reafirma el vínculo comunitario y el lugar de cada persona dentro de su grupo. En Chetumal, esa memoria vuelve a tomar forma en altares, flores, velas y platos compartidos.

Conclusión

En Chetumal, el Janal Pixán no solo convoca recuerdos: también ordena la vida comunitaria, mueve el comercio y refuerza un vínculo cultural que sigue vigente pese a los cambios generacionales.

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