En la selva del ejido de Dzula, en el municipio de Felipe Carrillo Puerto, el cenote Amtun sigue siendo uno de los atractivos naturales menos conocidos de la zona maya de Quintana Roo. Sus aguas cristalinas y su color azul intenso lo convierten en un espacio de alto valor ambiental y cultural, aunque hoy enfrenta un problema común en varios sitios de la región: el descuido.
De acuerdo con pobladores consultados en la zona, este cenote abierto —con un diámetro aproximado de 30 metros— ha sido utilizado durante años por habitantes de comunidades cercanas, como Xpichil. El acceso al agua se facilita mediante escaleras de madera colocadas en el sitio, una mejora que permite apreciar mejor el entorno natural sin alterar de forma importante su trazo original.
Un lugar con memoria comunitaria
Además de su valor paisajístico, Amtun está rodeado de relatos locales que le dan un sentido histórico y simbólico. Vecinos de Dzula señalan que en el pasado el sitio estuvo habitado y que incluso fue usado para la crianza de puercos. También recuerdan que ahí se filmó parte de la película La teniente, en referencia al capítulo 17.
Con el tiempo, estudiantes realizaron labores de limpieza en la zona, pero el mantenimiento no ha sido permanente. Actualmente, el problema visible es la presencia de residuos, como envases y latas de cerveza, que afectan la imagen del lugar y complican su conservación.
Turismo comunitario que no termina de consolidarse
La comunidad ha intentado en distintos momentos convertir el cenote en una opción de turismo comunitario, aunque hasta ahora esos esfuerzos no han prosperado. Según el testimonio de habitantes, la falta de acuerdos en las asambleas ejidales ha frenado proyectos como la construcción de cabañas y otros servicios básicos para visitantes.
El caso de Amtun contrasta con otros espacios de la misma región que ya avanzan en modelos de aprovechamiento local. Uno de ellos es Sijil Noj Ja’, un sitio cercano a Felipe Carrillo Puerto donde se ofrecen actividades como kayak, campamento, senderismo, avistamiento de aves y alimentos para los visitantes.
Ejemplos de desarrollo con identidad maya
También en Sacalaca, municipio de José María Morelos, pobladores impulsan acciones para reforzar su oferta turística sin perder de vista la identidad cultural. Este jueves, por ejemplo, se instaló una pieza escultórica artesanal junto a su cenote, como parte de una iniciativa para embellecer el sitio y reconocer las expresiones artísticas mayas.
La obra fue elaborada por el escultor Carlos Pacheco, integrante del Consejo Maya de México, y forma parte de un proyecto coordinado por autoridades comunitarias, la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo, la Secretaría de Turismo estatal y otras instancias. Durante la actividad participaron representantes comunitarios, artesanos y un sacerdote maya, quienes subrayaron el valor espiritual y simbólico del lugar.
El panorama de estos sitios muestra una tendencia clara en la zona maya: hay interés en aprovechar los recursos naturales para generar ingresos locales, pero bajo esquemas de bajo impacto y con participación directa de las comunidades. En ese contexto, Amtun permanece como un tesoro natural con potencial, aunque todavía sin un modelo de gestión que garantice su conservación y desarrollo turístico.
El reto, coinciden las experiencias de la región, es encontrar fórmulas que permitan proteger estos espacios, fortalecer la identidad cultural y generar beneficios reales para quienes viven en torno a ellos.
Conclusión
El cenote Amtun resume una realidad frecuente en la zona maya: riqueza natural, memoria comunitaria y oportunidades de desarrollo, pero también retos de organización y conservación. Su futuro dependerá de que la comunidad encuentre acuerdos para protegerlo y aprovecharlo sin dañarlo.



