En ninguna ciudad de Canadá, ni de EU, los otros dos países sedes, se vive el mundial como en México y ayer, esto fue innegable:
La friolera de un millón de personas salió a festejar el triunfo de la selección mexicana sobre Ecuador 2-0.
“¡Sí se pudo!” y “¡Mé-xi-co!”, exclamaron a gritos al unísono los aficionados al pie de la columna del Ángel de la Independencia tras el triunfo de México sobre Ecuador, mientras el eco eufórico de gritos llenos de alegría desbordó el Zócalo capitalino.

El gobierno capitalino reportó que más de un millón de aficionados festejaban el histórico pase de México a la siguiente fase del Mundial de Futbol en las calles de la Ciudad de México, donde el ir y venir de automóviles no cesaba con los clásicos claxonazos.
Justo al silbatazo final de la justa deportiva, los asistentes fueron sorprendidos con los fuegos artificiales que salieron detrás de la pantalla gigante del Ángel y que vistieron el escenario del Zócalo, que se elevaron para embellecer la celebración.
En el Ángel de la Independencia, con los celulares en alto, se tomaron fotos, lanzaron espuma, gritaron, hicieron sonar trompetas se abrazaron y algunos ondearon la bandera de México.




Con brincos sincronizados cimbraron Paseo de la Reforma, donde debido a la alta concentración de seguidores, se cerró la estación Insurgentes de la línea 1 del Metro como medida de protección civil. A la medianoche, seguían llegando caravanas de aficionados para continuar con el festejo en la zona.
Ángel, de Atizapán, dijo emocionado: “es histórico. ¿Y si sí?”, frase que se ha hecho viral, mientras Óscar aseguró: “el (estadio )Azteca sí pesa”. Y al ritmo de batucada, Erick coincidió: “es historia, nunca había vivido algo así”. La mayoría coincidía: “¡Esto es histórico, hay un gran plantel, hay una gran armonía, no hay individualidades, todo es por México!”, exclamó Salvador en el Zócalo acompañado de un numeroso grupo de personas que gritaban de forma ininterrumpida: “¡Vámonos al Ángel!”
Ya no había desconocidos, sino una sola afición unida, entrelazados de los brazos, decenas de personas bailaron al ritmo de la música mientras giraban en círculos.
Todos siguieron lo ocurrido en el estadio, donde el operativo última milla volvió a permitir el arribo oportuno y la salida de los aficionados, que por la noche convirtieron a la Ciudad de México en una fiesta que se esperó desde el amanecer.”








