La cosa es la política
Por Ramón Aguilar Fernández
En 2026, el sargazo dejó de ser solo un tema ambiental, para convertirse en una prueba de fuego política y económica.
Con 7 mil 460 toneladas acumuladas al 10 de febrero, el Caribe mexicano se prepara para una de las temporadas más agresivas de los últimos años.
Pero en Tulum, donde no pasa nada, el fenómeno natural se traduce en una evaluación directa de gobierno, o se gestiona con seriedad y profesionalismo, o se pagan los costos en cancelaciones, playas colapsadas y desempleo.

La formula es simple, playas con sargazo implican hoteles con cancelaciones.
Tulum no es un destino de turismo masivo con grandes amortiguadores financieros, es un mercado sensible a la imagen, a las reseñas y a la experiencia del visitante.
Un par de semanas con playas saturadas se convierten en miles de noches de habitación perdidas, empleos temporales recortados y proveedores locales asfixiados.
Si el Ayuntamiento que pidió prestado y despidió a su gente por la baja recaudación, que tuvieron el año pasado.

Para Diego Castañón Trejo Trejo, esta temporada es su prueba de fuego una vez más. Si no toma el problema con planeación técnica, recursos suficientes y coordinación real con hoteleros y cooperativas, el resultado será visible: playas llenas de sargazo, cancelaciones en cadena y pérdida de confianza del sector turístico. Gobernar Tulum no es posar para la foto del operativo; es sostener un sistema de limpieza diario que funcione incluso cuando el volumen se dispara.
El sargazo no espera calendarios políticos, ni discursos mágicos.
Y la política tampoco espera un concurso de ocurrencias.
La improvisación cuesta empleos, ingresos y reputación internacional.
En Tulum, 2026 no medirá la fuerza del mar, sino la seriedad del gobierno municipal para proteger su principal activo, la playa.



