En el tablero político de Quintana Roo, tres nombres suenan con fuerza en el agedrez político, al interior de Morena: Yensunni Martínez en Othón P. Blanco, Mary Hernández en Felipe Carrillo Puerto y Diego Castañón en Tulum.
Tres estilos distintos de gobernar, tres regiones que representan los contrastes del estado: el sur institucional y la capital, el corazón de la zona maya y el norte turístico.
Yensunni Martínez, desde Chetumal, representa la estructura, la disciplina y la continuidad. Su papel ha sido mantener la estabilidad en el municipio capital, un territorio históricamente difícil para Morena. Sin embargo, el desgaste por los rezagos urbanos y la percepción de falta de resultados tangibles le restan frescura frente a un electorado cada vez más exigente.

Por su parte, Mary Hernández ha construido liderazgo desde la raíz. En Felipe Carrillo, y cercanía con la Lider estatal de MORENA, la refuerzan en n el plano político nacional. Su reto, no obstante, es ampliar su proyección más allá del centro del estado y consolidarse en la arena política estatal.

Finalmente, Diego Castañón encarna la nueva generación morenista del norte. Su estilo es pragmático y moderno, con capacidad de interlocución con el sector turístico y empresarial y su gran cercanía con el llamado grupo Monterrey, y su padrino político en la cámara de diputados, El retro, es mantener el orden en un municipio complejo y mediático como Tulum, que está pasando unas de las temporadas turísticas más bajas en su historia l, ni siquiera n la pandemia se afectó así, al destino turístico, también trae el riesgo del escrutinio: los desafíos de seguridad y desarrollo urbano.

Morena buscará a quien pueda equilibrar lealtad, territorio y narrativa. Si la ecuación se basa en estructura y militancia, Yensunni tiene terreno, extructura y experiencia, Si la apuesta es por arraigo y empatía social, Mary podría sorprender. Si el juego es de proyección y modernidad, Diego está en la línea de salida.
Así que estimado lector Yensunni Martínez, en cambio, encarna la madurez política y la disciplina institucional que hoy necesita Morena en su fase de consolidación. Desde Chetumal, ha tenido que enfrentar los desafíos de una capital con rezagos estructurales, limitaciones presupuestales y una ciudadanía exigente. Aun así, ha mantenido la gobernabilidad, el orden administrativo y la cercanía con la base morenista. Su perfil no busca el aplauso fácil ni la popularidad momentánea, sino la construcción silenciosa de resultados y la lealtad política al proyecto estatal y nacional.




