LA ÚLTIMA PALABRA

JORGE MARTÍNEZ LUGO
Periodista y Académico.

Los escenarios políticos cambian aceleradamente. Las elecciones ya no son ni serán como antes. Ahora los votos se minan, como el oro en las minas o como el bitcoin con robots digitales. La minería de votos sustituyó a las campañas tradicionales del siglo XX y la ideología fue sustituida por el marketing. Los principios ya no cuentan. Las candidaturas tienen precio.

La diáspora electoral a todo lo que da. Actores políticos abandonan un partido y se reparten en otros; unos van, otros vienen o regresan. Los intereses predominan. El pragmatismo es la divisa.

Las elecciones 2021 en México serán en realidad 32 elecciones. Una diferente en cada estado. Los gobernadores se recomponen y cada quien hará su jugada. Morena está fracturada y el efecto AMLO ya no será el mismo. ¿Hasta dónde?, es la pregunta que todos se hacen.

Las votaciones en Coahuila e Hidalgo encendieron una luz al PAN-PRD-PRI y buscan replicar el modelo. “Sí se puede”

En Campeche, por ejemplo, las cosas parecen perfilarse a favor de Layda, pero la definición de la dirigencia estatal morenista está que trina. Es posible que la candidatura ponga orden, pero será al viejo estilo priista.

En Quintana Roo, la dirigencia estatal de Morena fue designada en reunión cupular y sigue impugnada. Como este año no habrá candidatura a gobernador, Morena seguirá siendo desnaturalizada por los grupos fácticos de poder.

ENTRE AMLO Y EL GOAN

El gobernador CJ está equilibrando entre AMLO y el GOAN, apoyado en su grupo político con Félix-Borge. A ellos prometió ejercer “el que la hace la paga” pero ahora son sus aliados en el BOA quintanarroense contra AMLO.

Sin embargo, la táctica es selectiva. En principio, CJ no se opone abiertamente a AMLO para la gubernatura del 2022, pero antes deberán resolver las elecciones 2021 y de sus resultados dependerá el tono de las elecciones a la gubernatura.

En el caso Cancún, municipio Benito Juárez, parece que el ejecutivo dejará que las morenistas se maten solas. La alcaldesa Mara que quiere reelegirse y la senadora Marybel que quiere ser presidenta municipal para catapultarse a la grande en 2022. Su nombramiento como delegada en Campeche la ha empoderado.

EL FACTOR FILIBERTO

El gobernador CJ al parecer está apostando a recuperar Playa del Carmen, cabecera de Solidaridad. En este municipio está la sede del BOA contra Morena-AMLO, tratando de impulsar al exalcalde Filiberto Martínez, con la promesa de que, si gana el municipio, tiene garantizada la candidatura PAN-PRD-PRI para el 2022.

El modelo BOA de Playa del Carmen, sería el mismo, pero repotenciado, para enfrentar a Morena en 2022, bajo la batuta CJ-Félix-Borge. El objetivo es no soltar el poder a Morena, bajo la doctrina Estrada “Quintana Roo para los cozumeleños”.

En Chetumal, cabecera de Othón P. Blanco, el panorama está dividido entre Morena y PAN-PRD-PRI, por lo que el éxito dependerá en buena medida del candidato o candidata de cada partido o coalición.

Ante la severa crisis de valores en la política y los partidos, añoramos aquellos tiempos cuando las elecciones se regían por ideología y principios, que dieron pie a que Winston Churchil acuñara la frase:

“Algunos cambian de partido para defender sus principios; otros cambian de principios para defender a su partido”, pero ahora estamos peor, ya que los políticos no tienen principios y los partidos cambiaron los valores por el precio. Sin embargo, el lector tiene la última palabra.

Chetumal, Quintana Roo, 271120.

DESPACITO Y BUENA LETRA (COLUMNA EDITORIAL)

russellceron@hotmail.com

DR. RUSSELL CERÓN-GRAJALES
DOCTOR EN DERECHO Y PROFESOR-INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO. CANDIDATO A DOCTOR EN ECONOMÍA POR LA UNAM.

El resultado del muy reciente proceso electoral presidencial de los Estados Unidos de América, arroja un sesgo diferente cuando se observan  sus reflejos en el mapa de su división político-económica.

Si nominalmente se mantiene como la economía prima del planeta, con una valoración productiva actual de poco más de 21 billones de dólares, estas elecciones terminaron por acreditar el determinante peso de la gran economía nacional, que se decantó azul demócrata.

Descorramos el velo. La Oficina estadounidense del Censo, registra una subdivisión territorial del país en alrededor de 3 mil 100 condados, o unidades administrativas equivalentes, y donde el Estado con el menor número de condados es Delaware, con tres, y el Estado con el mayor número, Texas, con 254.

Con base en lo cual, el prestigiado centro de investigación ‘Brookings Institution’, con sede en Washington, DC, situó la plataforma ganadora del demócrata Biden, en 477 condados, frente a los 2 mil 497 favorables al republicano Trump.

Pero lo estrictamente relevante no es el número de distritos, sino el peso específico y significancia de cada condado como fuerza económica, y el respaldo que con el voto confiere.

Así, los 477 condados que apoyaron a Biden, representan, nada más y nada menos, que el 70 por ciento de la actividad económico-productiva del país, mientras que los 2 mil 497 condados de Trump, tan sólo el 29 por ciento.

Sin considerar los resultados de 110 condados pendientes al momento del análisis. En su mayoría, de bajo rendimiento productivo.

Y si miramos a la elección presidencial de 2016, los 2 mil 584 condados ganados por Trump, generaban sólo el 36 por ciento de la producción económica; no así los 472 condados de Hillary Clinton, que equivalían al 64 por ciento. Casi dos tercios de la economía agregada.

Concluyéndose con esto, que Biden capturó, prácticamente, todos los condados, urbanos y metropolitanos, portadores de las economías más grandes, incluyendo los pocos distritos que Hillary Clinton no ganó en 2016. Y en el reverso de la medalla, Trump ganó un mayor número de condados, pero más en ciudades pequeñas, pueblos y comunidades rurales, con economías ‘ad hoc’.

Los condados de Biden pintan como más diversos, educados y formados universitaria y profesionalmente. Fiel reflejo de una segmentación entre condados más densamente poblados, con clara tendencia al voto azul demócrata, y una serie más numerosa de condados, con base económica más pequeña, y marcado voto rojo republicano.

Resultados que sugieren problemas  de desconexión y distanciamiento entre dos gradaciones económicas y sociales, que dan aliento a una convocatoria antisistema, que no siempre pugna por la acción hacia el ordenado cambio estructural que enlace y conecte, sino que enciende y desgasta entre agitadas discursivas y nebulosas consignas populistas, como parece haber ocurrido durante cuatro años de tempestuosa pasión política.

Nuevas luces se anuncian frente al desbordante y aún nebuloso paisaje de la potencia.