En el panteón del ejido Alfredo V. Bonfil, en Cancún, el Día de Muertos no solo se vive entre flores y veladoras. También se distingue por mausoleos de gran tamaño, estructuras con patios, áreas techadas y, en algunos casos, detalles poco habituales como ventanas protegidas con herrería, puertas amplias e incluso aire acondicionado.
Durante un recorrido realizado en este cementerio, varias de estas construcciones llamaron la atención por su diseño. A diferencia de las tumbas tradicionales, algunas están pensadas para que las familias permanezcan dentro por varias horas, convivan con sus seres queridos fallecidos y compartan alimentos durante la jornada de recuerdo.
Construcciones amplias y espacios para convivir
La mayoría de los mausoleos observados son de un solo nivel, aunque también hay estructuras de concreto más grandes que incluyen techos, patios y áreas protegidas. Entre ellas destaca una construcción de dos pisos que todavía se encuentra en proceso, así como otra donde se pudo ver la instalación de un aire acondicionado.
El tamaño del camposanto también es parte de lo que distingue a este lugar. Sus calles y pasillos abarcan una extensión considerable, con espacio suficiente para la circulación de vehículos y el estacionamiento de autos frente a los mausoleos. Durante la visita, varias familias permanecían dentro o alrededor de estas construcciones, en un ambiente de convivencia familiar.
Comida, música y memoria en torno a las tumbas
Como parte de la tradición, los visitantes llegaron con recipientes de comida, mesas y sillas para reunirse junto a las tumbas. En algunos casos, la convivencia se extendió durante horas y estuvo acompañada de música, ya sea a través de bocinas o con agrupaciones que tocaron en el lugar.
La presencia de vendedores ambulantes también formó parte de la jornada. En los accesos y pasillos del panteón se ofrecían alimentos y flores a quienes acudieron a visitar a sus familiares. Para algunos asistentes, la fecha representa una oportunidad de reunirse con parientes que viven en Cancún desde hace años y mantener una costumbre que se repite cada noviembre.
Vigilancia durante la afluencia de visitantes
La actividad en el cementerio se desarrolló con presencia de elementos de la Guardia Nacional, que realizaron recorridos a pie entre las calles del panteón. También se observó personal de seguridad en distintos puntos del lugar, como parte del operativo de vigilancia por la llegada de visitantes.
El caso de Bonfil refleja una forma particular de vivir el Día de Muertos en Cancún: no solo como una visita breve para dejar flores, sino como una convivencia prolongada alrededor de mausoleos que funcionan como espacios de reunión familiar y memoria colectiva.



