Cancún sigue padeciendo encharcamientos e inundaciones aun cuando las autoridades municipales reportan una amplia red de pozos de absorción. El problema se ha hecho visible con las lluvias intensas de este año, que han provocado afectaciones en calles, viviendas y avenidas de distintas zonas de la ciudad.
De acuerdo con información del Ayuntamiento, el municipio cuenta con cerca de 8 mil pozos de absorción, aunque en reportes oficiales también aparecen cifras distintas: 6 mil 400 y 5 mil 800 unidades. Esa diferencia no cambia el diagnóstico central: la infraestructura existente no está logrando contener el volumen de agua pluvial que recibe una ciudad en constante expansión.
Una ciudad que crece más rápido que su infraestructura
Entre 2024 y 2026, el gobierno municipal informó la construcción de 274 pozos nuevos y la ampliación o perforación de otros 62, para un total de 336 intervenciones en tres años. En paralelo, en lo que va de 2026 se han desazolvado más de 3 mil 800 pozos y se han realizado más de mil mantenimientos.
Aun así, la autoridad reconoce que faltan al menos 31 pozos en puntos críticos ya identificados, entre ellos las avenidas Yaxchilán, Sunyaxchén, Palenque, Andrés Quintana Roo, Nichupté, Lak’in, Ruta 4 y Ruta 5, además de la Supermanzana 260 y el Mercado 28.
El urbanista Carlos Veloz explicó que cada metro cuadrado de suelo permeable que se pavimenta se convierte en agua que deja de infiltrarse de manera natural y termina presionando al sistema pluvial. Esa tensión se agrava en una ciudad donde el crecimiento urbano y la construcción de vivienda superan la capacidad de respuesta de la infraestructura.
Más habitantes, más presión sobre el drenaje
La Encuesta Intercensal 2025 del Inegi coloca a Quintana Roo como el segundo estado con mayor crecimiento poblacional del país, con una tasa anual de 2.2%. En Benito Juárez, donde se asienta Cancún, la población pasó de 911 mil 503 habitantes en 2020 a un millón 24 mil 359 en 2025, un aumento de 112 mil 856 personas.
Ese crecimiento también impacta el sistema de desalojo de agua. La legislación estatal obliga a los desarrolladores a cumplir con infraestructura pluvial, incluidos pozos de absorción, captadores y redes de desalojo. Sin embargo, la expansión inmobiliaria y vial ha ido por delante de la capacidad de infiltración que conserva la ciudad.
Riesgos para la salud y el ambiente
El estancamiento del agua no solo complica la movilidad. Especialistas han advertido que también eleva riesgos sanitarios, desde infecciones gastrointestinales y de piel hasta la propagación de enfermedades transmitidas por mosquitos como dengue, zika y chikungunya. El Aedes aegypti puede reproducirse en agua acumulada en menos de 72 horas.
Además, el contacto con aguas contaminadas y residuales puede favorecer casos de leptospirosis, dermatitis y micosis, especialmente en niños y adultos mayores. En viviendas inundadas, la humedad persistente y el moho también pueden detonar problemas respiratorios.
Mientras tanto, el municipio mantiene brigadas de atención con personal, vehículos, un camión Vactor y equipo de perforación para liberar vialidades, atender pozos y desazolvar rejillas. Sin embargo, la estrategia sigue concentrada en contener los efectos inmediatos de las lluvias, más que en resolver el fondo del problema.
Organizaciones ambientales y vecinos coinciden en que la infraestructura actual quedó rebasada por la antigüedad del sistema, el aumento de la superficie pavimentada y la presión que ejerce el crecimiento turístico y habitacional sobre una ciudad que ya enfrenta límites claros en su capacidad de absorción.
Conclusión
Cancún enfrenta un problema estructural: el crecimiento urbano y poblacional ha superado la capacidad de su infraestructura pluvial. Mientras no se refuercen las soluciones de fondo, las lluvias seguirán exhibiendo las mismas vulnerabilidades en distintos puntos de la ciudad.



