En comunidades rurales de Quintana Roo, algunos productores mayas están encontrando nuevas formas de sostener sus economías sin abandonar sus saberes tradicionales. En Valladolid Nuevo, Enrique García Chávez, integrante del programa Sembrando Vida, impulsa una microempresa que transforma cosechas y recursos locales en bebidas, mieles y artículos artesanales. Al mismo tiempo, en San Cosme, la producción de plantas de ornato se mantiene como una alternativa de ingreso para otras familias.
Uno de los productos más representativos del proyecto de García Chávez es el balché, una bebida asociada a ceremonias de origen maya. El productor explicó que la obtiene de la corteza del árbol del mismo nombre y que su extracción se realiza con cuidado para no dañar el ejemplar. Después, la corteza pasa por varios cocimientos, se lava, se seca y permanece cerca de tres meses en maceración en un recipiente de vidrio. Al final, el líquido se cuela y se mezcla con miel de abeja.
El resultado es una bebida con alrededor de 12 grados de alcohol, que actualmente se vende en botellas de 750 mililitros a 150 pesos. García Chávez dijo que el balché conserva un vínculo con prácticas tradicionales como el bautizo maya, el jets’mek y el Loh’Kah, además de otras ceremonias en las que todavía tiene presencia.
Una oferta que va más allá del balché
El emprendimiento no se limita a esa bebida. También produce otras opciones artesanales elaboradas con ingredientes de la región, como bebidas de menta, pozol, hierbabuena, hoja de santa, limón y naranja. A ello se suman mieles saborizadas, jabones, champús, mermeladas de mango y guanábana, así como un snack preparado con semilla de calabaza, miel de Himalaya y orégano.
Por ahora, las ventas se concentran en el ámbito municipal, mientras el productor trabaja en el desarrollo de una marca propia. García Chávez reconoció que ese proceso ha sido lento, aunque aseguró que el proyecto avanza con el objetivo de ampliar su mercado.
Las plantas de ornato, otra vía para sostener a las familias
En San Cosme, la viverista Rebeca Xooc Hau plantea una realidad distinta pero complementaria. Explicó que la siembra de maíz de temporal ya no deja los mismos ingresos que hace décadas y que, aunque puede haber buenas cosechas, no siempre alcanza para generar excedentes destinados a la venta.
En contraste, la producción de plantas de ornato ofrece un flujo de ingresos más constante. Según su testimonio, cada semana recibe al menos dos o tres clientes de la Riviera Maya, lo que ayuda al sustento de su familia. Xooc Hau evitó detallar sus ganancias y señaló que existe preocupación por la inseguridad y por casos de extorsión en la zona.
Los dos casos muestran cómo, en distintas localidades de Quintana Roo, las familias mayas están apostando por actividades que combinan conocimiento local, trabajo comunitario y diversificación productiva. En el caso de García Chávez, además, la elaboración del balché preserva una práctica ligada a la identidad cultural de la región, mientras que la venta de plantas de ornato refuerza otra ruta económica para hogares rurales.
Conclusión
La diversificación productiva en comunidades mayas de Quintana Roo muestra cómo la economía local puede apoyarse en saberes tradicionales, recursos de la región y nuevas formas de comercialización para sostener a las familias.



