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REAL Y PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE MÉXICO

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“PRIMERA UNIVERSIDAD DE AMÉRICA”

Russell CERÓN GRAJALES

 

Siguiendo el modelo tradicional de las universidades medievales europeas, y con el carácter de primera institución de tal rango en el Continente, el 21 de septiembre de 1551, mediante real cédula de Carlos I de España (y V de Alemania), fue creada la Real y Pontificia Universidad de México.

Inaugurada y puesta en marcha el 25 de enero de 1553, fue en institución tan ilustre donde se dictó, el 12 de julio de 1553, la primera cátedra de Derecho en América: “Prima de Leyes Instituta”.

La organización e impartición de altos saberes, giró en torno de cuatro Facultades Mayores: Teología, Cánones, Leyes y Medicina; y una Menor, Artes.

Pero también incorporó Cátedras sueltas, como Retórica y Gramática, que si bien no tenían Facultad, sí fueron menester para el inicio de los estudios universitarios.

Los Catedráticos tenían a su cargo, tanto la formación académica de los estudiantes, como su habilitación para la obtención de grados. El más inicial de todos, el de Bachiller, carecía de la prosapia de los grados superiores: Licenciado, Maestro o Doctor.

Fue ahí donde se formaron, clérigos y miembros de la burocracia novohispana.

No sin dificultades múltiples de naturaleza política e ideológica, la Universidad sobrevivió el proceso de Independencia de México; pero fue cerrada en 1865, dándose continuidad a la impartición de la educación superior, en Escuelas Nacionales.

Producto de la unión de esas Escuelas Nacionales, la institución universitaria contemporánea resurgió en 1910, como Universidad Nacional de México. Y con la modificación de su Ley Orgánica, se le otorgó “autonomía limitada” en 1929; y “autonomía absoluta” del Estado, en 1933.

En 1945, con la Ley Orgánica vigente, y respecto del Estado, se normalizó la vida institucional de la Universidad Nacional Autónoma de México, haciendo posible el desarrollo de sus tres funciones esenciales: docencia, investigación y extensión de la cultura.

Y fue en 1980, con la adición de una fracción al artículo tercero de la Carta Magna, que se elevó el principio de autonomía universitaria a rango constitucional.

Máxima Casa mexicana de Estudios, instituida y reconocida, hoy por hoy, como la de mayor prestigio académico en el mapa de habla española, y una de las más importantes del mundo.

Por mucho, la que produce y reproduce el por ciento mayor de la investigación superior que se desarrolla en nuestro país.

Espléndida exponente del principio de libertad de cátedra y de investigación, la Universidad Nacional Autónoma de México es factor vital e insustituible, no sólo por su función académica, científica y humanística, sino por ser instancia libre, plural y crítica, además de natural contrapeso ante la cerrazón, y cíclicas tentaciones autoritarias.

“POR MI RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU”.

 

Ciudad de México, 15 de julio de 2019.

russellceron@hotmail.com

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A PROPÓSITO DE CAMBIOS EN RECTORÍAS EN QUINTANA ROO

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Francisco J. Rosado May
fjrmay@hotmail.com

Han sido varios los comentarios recibidos en mi correo electrónico y por mensajes, en los que me piden que exprese alguna opinión en relación con el cambio de rectoría en la Universidad de Quintana Roo. Las solicitudes seguramente se fundamentan en mi experiencia como rector de dicha universidad –la cual dejé entre las tres mejores del país, con el 100% de programas educativos evaluables con reconocimiento de calidad y la única con el 100% de certificación ISO 9000– y, en general, en educación superior e investigación científica.

Después de meditar, por un buen tiempo, sobre la solicitud, decidí compartir, a manera de opinión, el siguiente texto. Mas que abonar a discusiones interesantes, pero no necesariamente pertinentes, decidí enfocarme a los objetivos de la educación superior como la base para designar a quien o quienes deben guiar el camino hacia esos objetivos. Seguramente no es lo que esperaban muchos, pero, de ser analizada por tomadores de decisiones en materia de educación superior en nuestro estado y país, podría contribuir a la discusión que se ha anunciado con la toma de protesta del nuevo rector de la UQRoo: la autonomía universitaria y los grandes retos de vinculación universidad-desarrollo del estado.

Imaginemos que, en nuestro estado, que está atravesando una situación extremadamente difícil para los productores de alimentos por la sequía, la dependencia gubernamental correspondiente llama a una reunión de profesores investigadores de las diferentes instituciones de educación superior para encontrar alternativas a la situación. Incluso, debido a que se cuenta con un sistema de monitoreo ambiental de muy buen nivel, el estado ya preveía la sequía y convocó a la reunión antes de que el problema afecte a los productores. En la reunión, los investigadores presentaron resultados de sus investigaciones y trabajos que han hecho con sus estudiantes; presentaron a los tomadores de decisiones en el estado una lista de variedades de maíz criollas, resistentes a la sequía, y ofrecieron suficiente semilla porque ya habían previsto la situación y en alianza con algunos productores y en campos experimentales, ya se había producido la semilla. Adicionalmente los investigadores ya tenían las respuestas no solo a los problemas de plagas y enfermedades, sino que habían establecido rutas de distribución de semillas y mecanismos para el acopio de la producción. Todo esto en tan solo 4 horas que duró la reunión. Solo faltaba la intervención del estado para definir como redistribuir el maíz cosechado entre la población de las ciudades. ¡Ah!… y todo esto diseñado con base en los objetivos del desarrollo sostenible de las Naciones Unidas para la mitigación de efectos climáticos para el año 2030. Las respuestas casi inmediatas que ofrecieron los profesores resultaron de un proceso de planeación y de participación interdisciplinaria entre instituciones. Los datos tenían respaldo de experimentos de campo y pruebas de laboratorio, ambas con infraestructura y equipamiento de alto nivel. Ninguna huelga o mala práctica o falta de presupuesto afectó el proceso que permitió darle al estado una respuesta adecuada a un problema serio.

Imaginemos, por otra parte, que con el gran problema que presenta el sargazo para la industria turística en el estado, así como para los ecosistemas costeros que no están adaptados a altos volúmenes extraordinarios y constantes de esta macroalga planctónica que arriba a nuestras costas, el gobierno del estado, basado en datos de su sistema de monitoreo de riesgos, amenazas y oportunidades para la sostenibilidad del turismo, convocó a profesores investigadores para atender la situación. En la reunión asistieron secretarios, hoteleros y representantes de varios eslabones de la cadena del turismo, e incluso el mismo Gobernador, no hubo necesidad de dar los detalles de la problemática. Los profesores ya habían organizado conferencias, seminarios, intra e interinstitucionales, e incluso habían compartido datos con gente del gobierno. La discusión se centró en como atender la problemática que se estaba aproximando a una alta velocidad. Con una exhibición envidiable de ejercicio de análisis y síntesis, es decir, sin rollos, en tan solo 5 horas los investigadores describieron no solo las razones que explican la arribazón, sino que con base en investigaciones de alto nivel logrado con colegas de otras universidades fuera de nuestras fronteras, fueron capaces de dar detalles de la biología y ecología de la macroalga. Esta información fue la base para que enseguida los investigadores enfocados a desarrollo tecnológico presentaran incluso prototipos de como “cosechar” el sargazo y que hacer con el volumen altísimo recopilado. Los investigadores solo necesitaban la inversión pública y privada para desarrollar las ideas y prototipos. En un año el problema que se veía venir nunca tuvo algún impacto negativo. La ocupación hotelera se mantuvo alta y miles de trabajadores estuvieron felices con una temporada altísima. Los inversionistas decidieron, al cabo de unos seis meses y de ver resultados fenomenales, aportar recursos para investigaciones estratégicas y para formación de recursos humanos de alto nivel.

En nuestro estado, historias semejantes pueden suceder para abordar el tema y problemática de los artesanos, de las bordadoras, del manejo de selvas, del incremento de la productividad en los tres diferentes de la economía. Hay claridad en el papel de los profesores investigadores de las instituciones de educación superior, en el crecimiento económico y el desarrollo sostenible del estado. Incluso, en este imaginario, el nivel de articulación de las humanidades con las ciencias sociales, naturales, exactas, económico-administrativas, y con la tecnología, así como la pertinencia intercultural, ha alcanzado un alto nivel. Varios investigadores prestigiosos de otros países buscan colaborar con sus colegas en Quintana Roo y ofrecen espacios de intercambio científico y de estudiantes.

¿Es una utopía lo anterior? Absolutamente no. Lo he visto funcionar en varios países. He escuchado en voz de tomadores de decisiones de alto nivel, al menos el deseo de que esto que imaginamos exista en realidad. ¿Qué nos detiene?

Los órganos de gobierno, los mismos rectores y rectoras, los profesores investigadores, la administración interna de las universidades y el apoyo financiero del gobierno deben todos estar al mismo nivel. Lo contrario nos aleja de esa utopía y amplía las brechas dentro de nuestro mismo país y entre países. ¿Dónde queda la estafeta?

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HISTORIAS DE RESISTENCIA, RESILIENCIA, RECONOCIMIENTO Y RECONCILIACIÓN EN CULTURAS ORIGINARIAS.

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Como evitar la extinción de culturas; parte II de II.

Visión intercultural
Francisco J. Rosado May
fjrmay@hotmail.com

Ni bien había pasado suficiente tiempo para digerir los resultados que CONEVAL publicó el 5 de agosto pasado, señalando 52 millones de pobres en México, cuando otras organizaciones internacionales dieron a conocer datos relacionados con los pueblos indígenas.

En un estudio publicado en julio 2019, Oxfam señaló que en México, donde se reconoce que más de 25 millones de personas se identifican como indígenas, el 43% de ellos, que habla alguna lengua nativa, no completó la primaria; solo el 8.5 llegó a educación superior y solo el 10% puede considerarse como empleador o con un trabajo formal. El NY Times publicó en versión electrónica, el pasado 8 de agosto, que la ONU señala, con mucha preocupación, que el cambio climático está amenazando seriamente la producción de alimentos, que el agua está siendo explotada a niveles sin precedentes, y que la crisis alimentaria provocará enormes movimientos de migración humana con los consecuentes sufrimientos. Ese mismo día, La Jornada hizo notar que el Informe Especial sobre Cambio Climático y la Tierra del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), reconoció que los pueblos indígenas manejan alrededor de mil 600 millones de hectáreas y 76% de los bosques y selvas tropicales del planeta, representando la principal fuente de reducción de efectos climáticos causados por liberación de carbono y otros elementos a la atmósfera. El reporte Yale Environment de julio 2019 ofrece evidencia de que indígenas de Totontepec en Oaxaca crearon una variedad de maíz que fija nitrógeno.

De la información anterior podríamos concluir, por un lado, que los indígenas no solo son mucho mas visibles hoy, sino que también son reconocidos por su número, por sus saberes y por el papel que juegan en la biodiversidad y potencial para un mejor manejo del cambio climático. Pero… ¿Cómo potencializar ese reconocimiento para beneficio de la nación? ¿Cómo atender las diferencias entre grupos indígenas y entre los indígenas y no indígenas?

El informe de la ONU habla de gobernanza como el factor mas importante para atender los enormes retos del cambio climático. La gobernanza es, básicamente, la capacidad de lograr acuerdos entre diversos actores que les permita caminar en una misma dirección, con respeto mutuo, ganar-ganar en el proceso de aplicación de leyes. Es decir, para el caso de antagonismos entre grupos, la gobernanza descansa en la capacidad de reconciliación.

Historias de éxito a nivel de países, corporaciones o comunidades, descansan en la premisa de que el consenso en una visión que guíe procesos, andamiaje normativo y acciones de participación ciudadana, explica esas historias de éxito. El éxito de grandes y pequeños proyectos se explica porque como humanos podemos canalizar positivamente nuestras capacidades cuando hay objetivos claros compartidos, cuando hay rumbo y cuando en el andar de ese rumbo se palpan resultados que indican que el rumbo es el correcto. Con una visión de futuro, consensuada, se puede lograr ese rumbo.

Para el caso de los pueblos indígenas… ¿Qué mejor visión que poder lograr un renacimiento donde nuestros derechos, identidad, valores, lengua y cultura coexistan en paz, respeto y armonía entre sí y con los integrantes de otras culturas?

El renacimiento de la cultura originaria se puede lograr al rebasar exitosamente la etapa de reconocimiento/reconciliación que se ha abordado en las últimas entregas para esta columna.

La historia de los pueblos indígenas, por ejemplo, el Maya, podría entenderse aplicando la campana de Gauss interrumpida. Es decir, hay una etapa de inicio, otra de crecimiento fuerte, otra mas que explica el pináculo de su desarrollo, seguido por otra etapa de declinación que, si no se atiende adecuadamente, podría conducir al exterminio de esta. La pérdida de la lengua originaria, de la cultura y sus prácticas, de los saberes y formas de construcción de conocimiento, son síntomas inequívocos de un proceso que se dirige a la extinción de la cultura. En el caso de los Mayas, sin duda incursionamos en la etapa de declinación, después del postclásico. Sin embargo, debido a la combinación de resistencia con resiliencia, la velocidad de declinación disminuyó en forma importante, pero no se detuvo. La declinación puede detenerse si el proceso de reconocimiento aunado a la reconciliación se lleva a cabo bien, con políticas públicas que lo impulsen. Una vez detenida la declinación entonces puede haber un resurgimiento, un renacimiento de la cultura, aunque en otro contexto, un contexto multicultural. ¿Como mantener la identidad cultural y a la vez convivir en paz con las otras culturas? La respuesta está en la interculturalidad.

Con base en lo anterior, se puede describir, con las siguientes 5R, la historia “reciente” de los Mayas y otros pueblos indígenas: a) Resistencia/Resiliencia; b) Reconocimiento/Reconciliación y c) Renacimiento de la cultura.

Pero, cuidado, esto no es fácil; hay intereses de por medio que deben ser entendidos y atendidos por un gobierno visionario. No olvidemos que hemos creado un sistema de sospechosismo, en el que la competencia prevalece sobre la coexistencia como la única fórmula para salir adelante, que premia la corrupción e impunidad, que incluso incorpora a personas de dudosos antecedentes en organismos de tomas de decisiones, personas cuyos intereses pueden estar en riesgo al cambiar el sistema al que están acostumbrados, un sistema que ha permitido el desarrollo de solo unos cuantos en el país. Entonces la lucha de los pueblos indígenas que nace de la resiliencia/resistencia no debe olvidarse, pero si canalizarse con mejor rumbo, para un renacimiento fuerte, un mejor futuro para el país.

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HISTORIAS DE RESISTENCIA, RESILIENCIA, RECONOCIMIENTO Y RECONCILIACIÓN EN CULTURAS ORIGINARIAS.

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Como evitar la extinción de culturas; parte I de II.

Visión intercultural
Francisco J. Rosado May
fjrmay@hotmail.com

En el marco de la conmemoración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, previsto para el 9 de agosto, el INALI organiza una serie de eventos del 9 al 11 de agosto, conocido como la Feria de las Lenguas Indígenas Nacionales 2019, con la participación de 14 estados. Quintana Roo no figura. El lema de este año es “Ni Una Lengua Menos”.

Cuando se hizo la presentación de la Feria, el director del INALI señaló que con la participación de los tres órdenes de gobierno se podrían rescatar 31 de las 68 lenguas originarias de México, en peligro de extinción. Si bien el Maya yucateco no es una de ellas, tampoco se considera a salvo. Varios lingüistas del Maya han hecho tal advertencia desde hace algunos años.

Sin duda la conservación de la lengua es una parte importante para evitar la extinción de una cultura, pero no lo es todo. Si la lengua solo es aprendida en forma mecánica, sin la cultura ni la epistemología detrás del aprendizaje, aun cuando la puedan hablar y leer, se tendrían analfabetos funcionales. Es decir, no habría el sustento para que a partir de la lengua se pueda entender el entorno ni se podría construir conocimiento. Esto también equivale a la extinción de una cultura.

Las culturas indígenas actuales explican su presencia debido a una combinación de resiliencia con resistencia. La resiliencia es la capacidad de no perder la esencia de la cultura y poder re-establecerse con las condiciones adecuadas; si se pierde la capacidad de resiliencia por ende también la cultura. Pero la resiliencia no es suficiente. Si una cultura no sabe como resistir embates y preservar lo suyo, de nada serviría la resiliencia, pero la resistencia por si misma, sin la capacidad de regenerar la esencia de la cultura, tampoco serviría. Es la combinación de ambos factores lo que explica la persistencia y “terquedad” de las culturas por sobrevivir.

Gracias a la resistencia y resiliencia combinadas, los indígenas actualmente están logrando reconocimiento. Pero, como en la combinación anterior, la etapa de reconocimiento no puede por sí misma lograr la continuidad e innovación de la cultura. Se necesita algo mas, y ese algo mas debe ser visible y entendible por quienes diseñan e implementan políticas públicas.

Si bien las ferias lingüísticas, y otras acciones, son importantes, no son suficientes si no están insertas en un marco mucho mas amplio que permita la conservación de las culturas. Y a nuestro país le conviene mantener esta diversidad cultural porque ahí está gran parte del corazón y potencial como país para destacar a nivel mundial, especialmente con un gobierno que confía en los indígenas para alcanzar esa anhelada 4T.

El porcentaje de indígenas en México se ha elevado en forma importante. Pero lleva consigo retos que hay que atender. Por ejemplo, si el porcentaje de población indígena, alcanzado en Q. Roo en el censo del 2020, fuese del 50% y se usa como base para definir que una población reciba o no apoyo gubernamental, ¿qué pasaría con las comunidades o ciudades que no alcanzarían ese porcentaje? ¿Van a perder los apoyos aun cuando una o varias colonias de una ciudad o una sección de una comunidad tenga un porcentaje importante de población indígena? ¿No merecen apoyo poblaciones indígenas con menor porcentaje? Con esta realidad de mayor visibilidad, algo hay que adaptar de las políticas públicas.

Otro aspecto del reconocimiento que hay que tomar en cuenta es como lograr la gobernanza ante tal crecimiento y como entender y atender el papel que juegan los líderes de grupos, organizados o no. En la medida que los grupos mantengan la disputa por la representatividad, o que esa disputa sea impulsada por intereses de diferente naturaleza (políticos, económicos, de poder, etc.) y no sea atendida adecuadamente por las políticas públicas, en esa medida el reconocimiento logrado será disminuido y afectará el siguiente paso necesario, e indispensable, para evitar la extinción de la cultura. Y vaya que hay muchos intereses y grupos en nuestro entorno que propician mas división que unión. ¿Para que fuese útil un alto reconocimiento basado en el resultado del censo si no hay forma de lograr consensos?

Los ejemplos anteriores obligan a asociar el logro del reconocimiento con otro elemento igual de importante: la reconciliación entre grupos. Esto no significa en lo absoluto que haya igualdad de pensamiento, o cooptación de ideas o sojuzgamiento de un grupo hacia otro. Esto implica que el reconocimiento necesita de la tolerancia, de la construcción de formas de pensamiento nuevo de como aprovechar el impulso del reconocimiento para avanzar a otros niveles mayores, del consenso para lograr el bienestar general.

En otras palabras, el objetivo de la combinación de resistencia y resiliencia no puede ser solamente el reconocimiento de la diversidad cultural. No justificaría completamente los grandes sacrificios y luchas y sangre derramada y tiempo perdido. El reconocimiento sin la reconciliación no sería suficiente. Y la reconciliación no es solo intra-cultural, es decir entre grupos y personas de la misma cultura, sino que también debería ser intercultural, es decir con todas las otras culturas, en una sociedad multicultural. El reconocimiento debe ser mutuo, la reconciliación debe ser amplia.

Tal y como ha sucedido con otros pueblos exitosos en el mundo, como el caso de los Maorí en Nueva Zelanda o de los Saskatoon en Canadá, o de los Uw’as en Colombia, o los Bribris en Costa Rica, o los Tulalip en el estado de Washington, varios de los cuales conozco personalmente, la resistencia/resiliencia y el reconocimiento/reconciliación son solamente eslabones de una red de acciones que deben conducir a un nivel mas elevado de desarrollo social para que valga la pena la lucha para evitar la extinción de culturas.

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