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Visión Intercultural

“LA ECONOMÍA NO VIAJA EN TRANVÍA”

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Russell CERÓN GRAJALES

 

Bajo los auspicios y actuales circunstancias de la economía nacional, un punto porcentual de riqueza productiva generada (PIB), nos representa la creación aproximada de 200 mil empleos formales, o de vocación permanente.

 

Habría que preguntarse, entonces, cuál tendría que ser su nivel de expansión anual, ante un mercado interno demandante de un millón de nuevos puestos de trabajo.

 

Por tanto, la risueña pretensión de presentar los datos del programa Jóvenes construyendo el Futuro, como expresión registral de incremento en el empleo, no se sostiene de forma alguna, dada su real categorización como subsidio o programa social.

 

Retomando el hilo conductor que nos anima, habrá que decir que el crecimiento anual tendría que ser del orden del 5 por ciento del PIB. Algo más en línea con el caudal de posibilidades que ofrece un país como el nuestro.

 

Lo preocupante ahora, es la tendencia decreciente y sistemática que se observa en la perspectiva de crecimiento económico para 2019. Y desde ahí, la consecuente baja en la generación de empleo formal; cuestiones juntas que nos van orillando a circuitos de riesgo recesivo, y no sólo de desaceleración.

 

Por si fuera poco, persiste el desaliento en importantes segmentos de la escena privada nacional e internacional, con potencial inversor.

 

La toma de decisiones de inversión, en un contexto global de países que compiten intensamente por atraerla, demanda claridad, estabilidad y garantías, que, por lo menos, no se están sabiendo comunicar desde la más alta vocería nacional.

 

Y dada la contaminación que la gestión de la economía ha empezado a provocar, el gobierno federal fue presto en dar a conocer la suscripción, con uno de los importantes clubes de hombres de negocios, de un Convenio para la Promoción de la Inversión y el desarrollo incluyente.

 

Acuerdo que tiene el mérito de ubicar el punto técnico de referencia. Esto es:

 

  • Para alcanzar la tasa-meta de 4 por ciento anual de crecimiento, el país requerirá de una inversión del 25 por ciento del PIB.

 

  • El compromiso será elevar el nivel de inversión privada, del 17.5 por ciento actual, al 20 por ciento en los siguientes dos años.

 

  • La inversión pública deberá incrementarse del 2.8 por ciento actual, al 5 por ciento.

 

  • Sin desconocer que la inversión tendría que dirigirse a proyectos económica y socialmente rentables; y en sectores detonantes, como infraestructura, industria y tecnología.

 

Estemos a valores reales del PIB, a nivel internacional, y no a los subestimados que la metodología INEGI produce, para sesgado consumo local.

 

A parámetros internacionales, México contabiliza una riqueza productiva que asciende a 2 billones 463 mil millones de dólares. La número 11 del mundo.

 

Miremos los datos y referenciales, y hagamos cuentas.

 

Que nadie se equivoque.

 

Las falsas ilusiones cuestan caras.

 

La Economía no es un juego.

 

Y la del siglo XXI, no viaja en tranvía.

 

 

 

 

Capital de Chihuahua, México, junio de 2019.

 

russellceron@hotmail.com

 

 

 

 

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DESARROLLO Y ECONOMÍA EN COMUNIDADES INDÍGENAS. El derecho a una vida digna

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Francisco J. Rosado May
Visión Intercultural
fjrmay@hotmail.com

La historia de vida de don Cipriano y doña María coincide con la de millones de personas indígenas en México y el mundo. El contexto cultural en el que podrían tener un mejor desarrollo humano ha sido reemplazado por otros contextos, muy diferentes, ante los cuales están prácticamente inermes. Por ejemplo, la producción de alimentos en las culturas indígenas se basa en biodiversidad y con recursos naturales; en la cultura dominante se privilegia al monocultivo y con insumos externos de fuentes fósiles. La familia y cooperación comunitaria son determinantes en el desarrollo social y personal, diferente a la cultura de la individualidad y competencia. El aprendizaje es con base en el ritmo y participación de cada niño, independientemente de la edad, en actividades de todo tipo en el hogar y cuentan con todo un sistema comunitario de apoyo; en la otra cultura el aprendizaje es casi sinónimo de un sistema de ensamblaje, las escuelas seleccionan por edad y nivel a los niños bajo la idea de que con la misma edad se tiene una preparación mental casi homogénea para incrustar cierto tipo de enseñanza.

Hay otros contextos que explican la impotencia de todos los Ciprianos y Marías de México y el mundo. Por un lado los programas gubernamentales diseñadas para combatir la pobreza inician con un impulso que arroja cifras importantes pero después de un tiempo se estancan. Así lo revela para México el Informe de Movilidad Social 2019, realizada por el Centro de Estudios Espinoza Yglesias. Este mismo informe indica que el sur de México y península de Yucatán son las regiones donde la probabilidad de salir de la pobreza es casi nula. En otras palabras, el combate a la pobreza se estanca en un porcentaje semejante al de la población indígena en México.

Otro contexto es el sistema económico y políticas públicas implementadas con base en modelos económicos dominantes (en México ha sido el neoliberal fuertemente impulsado desde el sexenio de Miguel de la Madrid, 1982, hasta Peña Nieto, 2018). La competencia, monocultivo y alta producción sin tomar en cuenta efectos ambientales, principios básicos para el modelo de desarrollo económico neoliberal, han permitido diseñar el concepto de cadena de valor, concepto linear, unidireccional y controlado por el mercado.

Este concepto no ha podido implementarse en los sistemas de producción que manejan las comunidades indígenas, provocando opiniones negativas acerca de que no hay voluntad entre los indígenas para mejorar su economía. Por supuesto que hay contradicciones que las políticas públicas no han entendido. No es lo mismo aplicar una cadena de valor a un monocultivo que a policultivos y multisistemas que manejan los indígenas. El concepto incluso se convierte en una camisa de fuerza, es linear y gira alrededor de una especie ancla.

Hay que desarrollar nuevos conceptos y metodologías, pero no hay que inventar el agua tibia. Existe el concepto de redes de valor, que permitiría diseñar estrategias de crecimiento económico, lo suficientemente flexible, en espacio y tiempo, como para articular a los diferentes productores. Adicionalmente se puede fortalecer la red de valor con conceptos innovadores de etnomarketing, bidireccional, y de negocios sostenibles interculturales. Los conceptos, red de valor, etnomarketing e interculturalidad, articulados en un territorio y entre territorios, pueden ofrecer el cimiento sólido para implementar políticas públicas alrededor de la justicia social, economía y emprendimiento social, solidaria, comunitaria, así como crecimiento y desarrollo sostenible (no puede haber desarrollo sostenible sin crecimiento económico también sostenible).

La visita que hizo a México Muhammad Yunus, Premio Nobel de Paz por el diseño y éxito de los micropréstamos en Bangladesh, a mediados de junio de este año, y las conversaciones que sostuvo con empresarios, estudiantes y políticos, en medio de la discusión sobre alternativas al neoliberalismo, hace pensar que nuestro país está tratando de consolidar esquemas de economía social. Después de unos 35 años, al menos, de políticas neoliberales y resultados pobres en el combate a la pobreza en general, y fracasos en materia de desarrollo para los pueblos indígenas, se puede concluir que ese modelo económico ha demostrado su ineficiencia en el combate a la pobreza. ¿Porqué seguir insistiendo en un modelo que ha demostrado su ineficiencia? En referencia a la expresión “es la economía, estúpido”, acuñado por James Caville, asesor de Bill Clinton en la carrera por la presidencia de los Estados Unidos en 1992, Barack Obama añadió “no podemos resolver los problemas del siglo XXI con técnicas y métodos del siglo anterior”. Lo mismo aplica para nuestro país actualmente, crecimiento económico con justicia social.

Si, es la economía que debe crecer para avanzar en el combate a la pobreza, para lograr un mejor desarrollo, no solo de los pueblos indígenas sino para todo el país. Pero se deben explorar alternativas viables, diferentes a las que nos han conducido a la situación actual. En otras palabras, mejores políticas públicas y mejores ejecutores de esas políticas.

En el caso de los Mayas, no necesitamos partir de cero. Hay investigaciones que demuestran una excelente y sofisticada habilidad para el comercio e intercambio. Un ejemplo es el libro de Hutson y colaboradores, publicado en 2017, titulado “Ancient Maya commerce. Multidisciplinary research at Chunchucmil”, publicado por la editorial de la Universidad de Colorado. También se puede hacer una búsqueda en internet con las palabras “intercultural business”.

Con base en lo anterior es posible refutar fuertemente a las personas que acuden a la expresión “los pobres son pobres porque quieren” para explicar la pobreza. Nada mas lejos de la verdad ni nada mas cerca al desconocimiento de contextos, oportunidades y políticas públicas inadecuadas culturalmente.

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REAL Y PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE MÉXICO

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“PRIMERA UNIVERSIDAD DE AMÉRICA”

Russell CERÓN GRAJALES

 

Siguiendo el modelo tradicional de las universidades medievales europeas, y con el carácter de primera institución de tal rango en el Continente, el 21 de septiembre de 1551, mediante real cédula de Carlos I de España (y V de Alemania), fue creada la Real y Pontificia Universidad de México.

Inaugurada y puesta en marcha el 25 de enero de 1553, fue en institución tan ilustre donde se dictó, el 12 de julio de 1553, la primera cátedra de Derecho en América: “Prima de Leyes Instituta”.

La organización e impartición de altos saberes, giró en torno de cuatro Facultades Mayores: Teología, Cánones, Leyes y Medicina; y una Menor, Artes.

Pero también incorporó Cátedras sueltas, como Retórica y Gramática, que si bien no tenían Facultad, sí fueron menester para el inicio de los estudios universitarios.

Los Catedráticos tenían a su cargo, tanto la formación académica de los estudiantes, como su habilitación para la obtención de grados. El más inicial de todos, el de Bachiller, carecía de la prosapia de los grados superiores: Licenciado, Maestro o Doctor.

Fue ahí donde se formaron, clérigos y miembros de la burocracia novohispana.

No sin dificultades múltiples de naturaleza política e ideológica, la Universidad sobrevivió el proceso de Independencia de México; pero fue cerrada en 1865, dándose continuidad a la impartición de la educación superior, en Escuelas Nacionales.

Producto de la unión de esas Escuelas Nacionales, la institución universitaria contemporánea resurgió en 1910, como Universidad Nacional de México. Y con la modificación de su Ley Orgánica, se le otorgó “autonomía limitada” en 1929; y “autonomía absoluta” del Estado, en 1933.

En 1945, con la Ley Orgánica vigente, y respecto del Estado, se normalizó la vida institucional de la Universidad Nacional Autónoma de México, haciendo posible el desarrollo de sus tres funciones esenciales: docencia, investigación y extensión de la cultura.

Y fue en 1980, con la adición de una fracción al artículo tercero de la Carta Magna, que se elevó el principio de autonomía universitaria a rango constitucional.

Máxima Casa mexicana de Estudios, instituida y reconocida, hoy por hoy, como la de mayor prestigio académico en el mapa de habla española, y una de las más importantes del mundo.

Por mucho, la que produce y reproduce el por ciento mayor de la investigación superior que se desarrolla en nuestro país.

Espléndida exponente del principio de libertad de cátedra y de investigación, la Universidad Nacional Autónoma de México es factor vital e insustituible, no sólo por su función académica, científica y humanística, sino por ser instancia libre, plural y crítica, además de natural contrapeso ante la cerrazón, y cíclicas tentaciones autoritarias.

“POR MI RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU”.

 

Ciudad de México, 15 de julio de 2019.

russellceron@hotmail.com

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PANORAMA INTERNACIONAL

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“GLOBALIZACIÓN O LAS NUEVAS REGLAS DEL JUEGO LIBERAL”

 

Russell CERÓN GRAJALES

 

Aunque no es fenómeno nuevo, y se ha representado, a lo largo de la historia, a distintos niveles y alcances, el proceso de Globalización puede ser sintetizado en la conjunción del binomio: Reglas del Juego imperantes e Internacionalización.

Sea transitando desde la sociedad dispersa de ciudades-estado, a la más compacta y organizada de los Estados nacionales. O desde las imposiciones e irradiaciones imperiales, como en el caso de las dos facetas temporales del Imperio Romano, hasta el Descubrimiento de América y la Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX, la Globalización da muestra de su inmanente talante centrípeto y omnicomprensivo.

En términos más actuales y modernos, un proceso por el que las economías y mercados, impulsados por el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, adquieren una dimensión extensiva y mundial, remarcando el gradual predominio de los mercados externos, y cada vez menos la acción reguladora de los Gobiernos nacionales.

Y si la Historia la escribe el vencedor con la punta de la espada, podremos observar que a la europeización larga y universalmente instituida, habría de sucederle, producto de la segunda posguerra mundial, la americanización global en vigor.

De suerte que, tras la firma de la capitulación alemana en Berlín (1945), y siempre tomando como base las reglas liberales de un entramado económico, comercial y financiero que funge como soporte de un andamiaje político alimentador de las modernas democracias, a construir o consolidar, fue definida la arquitectura institucional de un Nuevo Orden Mundial, que, por su misma naturaleza, trasciende al ámbito cotidiano de lo cultural.

Arquitectura que, en lo político, tiene como eje a la Organización de las Naciones Unidas (con su Corte Internacional de Justicia, y demás afluentes regionales).

En el plano económico-comercial, al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), hoy Organización Mundial de Comercio (OMC).

Y en el económico-financiero, al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (y vertientes regionales).

Organismos que, en la temática económica, y en sentido inverso de lo que desinformada, ideológica y prejuiciadamente suele repetirse, muestran un diseño jurídico muy especializado, opcional y flexible (verbigracia, GATT-OMC-China).

Sin omitir que la Globalización tiene su concreción más traducida y acabada, en los cinco niveles de la Integración Económica que ampara el dispositivo GATT-OMC.

Globalización o “Las Reglas del Juego”.

Reglas que se internacionalizan.

Que permean progresivamente en las legislaciones nacionales.

Soportes de un Nuevo Orden Internacional de esencia liberal.

Y cuya preservación, obliga a la adopción de mayores y más sensibles espacios de equidad.

“Ya que sea, que se vea”.

 

Ciudad de México, 8 de julio de 2019.

russellceron@hotmail.com

 

 

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