Visión Intercultural
fjrmay@hotmail.com

Francisco J. Rosado May
PROFESOR INVESTIGADOR DE TIEMPO

COMPLETO EN LA UNIVERSIDAD

INTERCULTURAL MAYA DE QUINTANA ROO

El 19 de noviembre se llevó a cabo un evento bajo el título de “Innovación para la resiliencia de los alimentos” (Innovation for Food Resilience), organizado por cuatro centros de investigación, en Inglaterra, bajo el nombre de “Agri-tech Centres” (https://www.agritechcentres.com), creados con financiamiento del gobierno inglés. Se abrieron para apoyar al sector agroalimentario en su camino a la sostenibilidad y éxito. Esta narrativa es bastante atractiva, descansando en conceptos ecológicos. Pero ¿Qué es agri-tech? ¿Cómo se relaciona con agroecología?

Imaginemos que estamos en un invernadero cuyo cubrimiento está diseñado para dejar pasar la onda electromagnética de luz que más beneficia al cultivo que está dentro, el cual recibe la cantidad de nutrientes en forma exacta, cada que se requiere. Cuando aparentemente hay alguna enfermedad o plaga, usted acerca su celular y envía la imagen a un centro, en pocos segundos recibirá un mensaje con la información exacta que identifica el problema y le da una solución garantizada. El cultivo está diseñado para recibir nano partículas que resuelven problemas fitosanitarios, además, tiene cerca del 100% de probabilidad de que el producto saldrá del tamaño que se requiere para el embalaje; el producto está programado para ser cosechado en forma sincronizada con la demanda en el mercado, tomando en cuenta el tiempo de anaquel y al mejor precio posible del mercado.

Agri-tech hace posible lo anterior, lo perfecciona y también trabaja con producción de animales y plantas a cielo abierto. Está llevando la tecnología digital a otro nivel.

Por supuesto que después de varios años de vivir con tecnología digital, con una generación que nació con el chip integrado, como se dice coloquialmente, la descripción anterior es muy atractiva. Y si además se “vende” como un paquete ecológico, la probabilidad de éxito es muy alta. Pero…..,

La revolución verde de los años 1950’s con semillas híbridas, fertilizantes, pesticidas y maquinaria, representó la primera ola de transformación de los sistemas agrícolas. Sustituyó los sistemas tradicionales por agronegocios. México destacó, exportando granos y otros productos. La RV se justificó porque la población mundial crecía y lo mismo debería hacerse con la producción de alimentos.

La segunda ola, a finales del siglo XX, llegó en formato de semillas genéticamente modificadas (transgénicos), adaptadas a los pesticidas. Nuevamente se usó el argumento del crecimiento poblacional como justificación. Pero los efectos negativos, sociales, ambientales y de salud, se acentuaron y obligaron a encontrar alternativas. La agroecología se convirtió en la mejor opción y empezó a desarrollarse fuertemente a nivel mundial.

En eso llegó la tercera ola, alrededor de 2010, la que incorpora la tecnología digital como la descrita al principio de esta entrega, con la misma narrativa de relacionar el crecimiento de población con la necesidad de más producción de alimentos.

Así, quien domine la tecnología digital dominará la producción y comercialización de alimentos. La dependencia de unos países a otros seguirá, no habría certidumbre en la distribución de los alimentos ni acceso a ellos, para quienes tienen bajo poder adquisitivo. La tercera ola tampoco ofrece evidencia de mantener, mucho menos de incrementar, la diversidad ni biológica ni cultural.

El escenario antes descrito permite prever la ampliación de brecha no solo tecnológica sino de acceso a alimentos entre países. México debe decidir qué camino seguir. Sabemos que la agroecología es la mejor opción y respuesta para entender y atender la compleja problemática de producción y accesibilidad sostenible de alimentos, atendiendo cuestiones de soberanía, cambio climático, etc., pero debe hacerlo en diferentes condiciones que las actuales.

El gran despliegue de la revolución verde y las siguientes oleadas fue posible gracias a la fuerte inversión de gobiernos e iniciativa privada. Hay toda una red de centros internacionales de investigación que lo han hecho posible. Casi nada, ni siquiera cerca, de esos recursos han estado disponibles para un avance mayor y significativo de la agroecología. Por tanto, solo si el gobierno abraza y otorga el financiamiento adecuado a la agroecología, podremos ser protagonistas de nuestra soberanía alimentaria. En México tenemos recursos humanos, conocimiento local, biodiversidad cultural, pero falta el diseño y financiamiento de una estrategia que permita aprovecharlos, que permita la formación de recursos humanos, investigación, de alto nivel, la difusión de resultados y la vinculación con productores. Imaginemos, por ejemplo, un sistema de diferentes campus de una institución de educación superior bajo el nombre de “Colegio Superior de Agroecología”, presente en cada región biocultural y biomas de nuestro país.

Sin el apoyo y visión a la altura del reto, no es difícil imaginar un escenario que apunta a que seamos simplemente los que usemos el celular para enviar la imagen y aplicar lo que nos indiquen para producir alimentos. Así, la resiliencia alimentaria solo sería para las corporaciones.

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Francisco J. Rosado May
PROFESOR INVESTIGADOR DE TIEMPO COMPLETO EN LA UNIVERSIDAD INTERCULTURAL MAYA DE QUINTANA ROO

La semana pasada varios eventos tuvieron a la Agroecología en el centro del debate. El martes 17, con gran aceptación, La Jornada Maya dedicó varios artículos al tema de la producción y comercialización de alimentos, con énfasis en sistemas no convencionales.

El mismo 17, la SADER organizó una conferencia con la participación de Vijay Kumar, arquitecto de un movimiento que, en el estado de Andhra Pradesh en la India, ha beneficiado a miles de familias campesinas usando un método conocido como “Agricultura Natural de Cero Costo” (Zero Budget Natural Farming, como se conoce en inglés). El método descansa en el uso de recursos al alcance del campesino (ej., excretas de ganado y extractos de plantas) para inocular las semillas logrando un cambio en la rizosfera que permite el establecimiento de flora y fauna benéfica y el aprovechamiento de los nutrientes. En un periodo de 3-5 años la productividad incrementa significativamente, logrando también incremento importante en el ingreso económico de los agricultores. El método ya se está aplicando en otros estados, por lo que el número de beneficiarios se contará en el orden de millones de personas. Y todo esto sin el uso de insumos externos ni contaminación. Se habló de un programa de cooperación India-México para alcanzar la sostenibilidad alimentaria, ojalá se convierta en realidad, hay muchísimo potencial de beneficio para ambas partes. México puede aprender mucho del ZBNF, con aplicación a varias regiones del país. India se puede beneficiar por los avances en agroecología y educación intercultural en México, Kumar ya ha mostrado interés en ambas áreas.

El 18 la SEP y un grupo de universidades interculturales organizaron el foro “La Agroecología en la Educación Superior”. Los participantes fueron connotados agroecólogos/gas de México, Estados Unidos, Uruguay y Venezuela; Miguel Altieri dio la conferencia magistral llamada la “Agroecología en el siglo XXI”. Altieri argumentó que la narrativa de los agronegocios (usado para referirse a la agricultura convencional), basada en una visión maltusiana, no resiste análisis crítico. Los agronegocios señalan que el crecimiento de la población es la justificación para producir mucho mas alimento cada vez y que no existe ninguna otra tecnología, la del uso de insumos, semillas mejoradas, etc., que pueda atender dicha demanda. Sin embargo, hay investigaciones que demuestran que del total de la producción bajo este sistema más del 80% se destina para uso animal o biocombustibles y que los campesinos de pequeña escala, con menos de 2 has, muchos de ellos indígenas, producen entre el 70 y el 80% de la cantidad anual de alimentos en el mundo.

Con base en un diagnóstico de las condiciones y potencial en México para alcanzar la sostenibilidad en producción de alimentos, un grupo de connotados agroecólogos mexicanos presentó una propuesta de plan de estudios para que diferentes instituciones educativas a nivel superior, incluyendo a las universidades interculturales, los tecnológicos, las universidades Benito Juárez, implementen la carrera de agroecología en sus campus. De lograrse esto, con una eficaz coordinación y articulación en materia de formación de recursos humanos, empoderamiento de agricultores e indígenas, y de investigación de alto nivel para producir lo que se necesita en el país en sus diferentes biomas y para exportar, sin los efectos de afectación negativa al ambiente y la salud, México tiene el potencial para ser un faro mundial de producción sostenible de alimentos.

El 19, la Universidad de Santa Clara organizó el foro “Agroecología para un cambio en el sistema de producción de alimentos”, donde Vandana Shiva y Chris Bacon fueron los protagonistas. Vandana sigue muy activa, presentando con mucha claridad sus argumentos a favor de sistemas agroalimentarios sostenibles y señalando las contradicciones y agotamiento conceptual que tienen los sistemas convencionales que descansan en el uso de insumos, contaminación y la acumulación de capital como el elemento que guía a ese sistema.

Sin duda la agroecología avanza en México y el mundo, pero también lo hacen los agronegocios, quienes ya están una tercera transformación, aprovechando la tecnología digital. Esta parte se abordará en la entrega siguiente.