UN MUNDO ANTIGUO: CHETUMAL

Poco me acuerdo de los años en que se sucedieron los tiempos, no había supermercados ni televisión , radio de acumulador para algunos, donde si el tiempo y las ondas sonoras lo permitían escuchar la estación W de la capital, radió Habana, Belize y de casualidad algunas estaciones centroamericanas, tal vez cuatro taxis Pontiac, Pacard, Mercury y Ford, películas de Errol Flyn, de Tyrone Power, Greta Garbo, Linda Darnell y las mexicanas de los hermanos Soler, dramas de obligado llanto.

Bailes en la explanada al ritmo de música tropical que en aquel tiempo le decíamos rumbas, danzones, música de bolero para los enamorados y los famosos pasodobles para darle vuelta completa a todo el espacio, pueblo en general se confundían en esos menesteres, era el único lugar de baile.

Fueron tiempos de la poliomelitis , muchos jovencitos se vieron afectados, tiempos de la fiebre aftosa donde se mataba por miles al ganado enfermo, de la ley fuga cuando se le daba oportunidad al reo para escapar y ser abatido, del obligado servicio militar cargando el mauser en caminatas kilométricas, aprender a tirar con el mismo y aprender a armarlo y desarmarlo en pocos minutos.

Cuando lá guerra del 44 todos los hombres estaban obligados a tomar instrucción militar en las calles de los parques frente a palacio en aquel tiempo de dos pisos, la cercanía del muelle fiscal lleno de tambores con diésel que se traía de Puerto Barrios, Honduras para abastecer la planta de luz que abastecía a la ciudad hasta las diez de la noche.

Cuando siendo un gobierno socialista se perseguía a la iglesia y teníamos que trasladarnos a Corozal, Honduras Británicas para celebrar bodas y bautizos de acuerdo a nuestras creencias.

En las escuelas se enseñaba historia patria, lengua nacional, civismo y geografía, escribíamos en el cuaderno de castigo mil veces debo ser obedientes con mis padres y mis maestros, las calles y los patios repletos de árboles, no existían tanta miseria y el hospital Morelos atendía las necesidades de la población.

El mercado era suficiente para el abastecimiento, considerando que se practicaban los huertos familiares así como la cría de cerdos y aves de corral en casi todos los hogares, además los ranchitos nos proveían , de igual manera podías obtener pescado fresco en el muelle todos los días.

Habían refrescos embotellados locales con diferentes sabores producto de plantas manuales y concentrados, no habían marcas nacionales ni mundiales, no existían cubas ni cocteles, para las fiestas se hacía jaibol en una olla con refresco local y ron para servirse en vasos.

El carbón nuestro combustible natural era repartido en carretas de caballos, no había gas, los vecinos eran familia y muchas veces una parturienta era atendida mejor por sus vecinas que por el doctor, el compadrazgo era sagrado y hermanaba, así las familias se mantenían unidas siempre , los primos eran hermanos y los tíos respetados y queridos.

Cuando las monomotores aterrizaban en una pista improvisada enfrente de la zona militar frente al faro del boulevar, donde luego se convierten en campos llaneros de futbol.

El sentido patrio se percibía al levantarse al pasar la bandera nacional y escuchar el himno, así como desfilar orgullosos llevando el paso con disciplina.

En otra ocasión seguiré exprimiendo mi memoria para irles relatando nuestros principios como el lugar que nos vio nacer y que amamos mas por que crecimos con el sin sentirnos olvidados.

FEBRERO DE 2018. EUSEBIO AZUETA VILLANUEVA.

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