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Para todo un año o más

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(COLUMNA EN NOVEDADES). Si no fuera porque será necesario mantener altísima la guardia ante los intentos del presidente Andrés Manuel López Obrador por desmantelar a la república —ya no tan poco a poco, sino de golpe, rudamente—, le agradeceríamos que con su paquete 20 de estólidas reformas —unas más; otras menos— nos haya dado material para escribir y rebatir —no debatir, pues para ello se requeriría un mínimo de razón— para todo un año o más, pero el asunto requiere de las fuerzas no alineadas evitar con todos los medios democráticos al alcance que la irracionalidad entronizada obtenga la mayoría calificada, cuya carencia impedirá, por lo menos de aquí a septiembre, que se perpetren las más disparatadas.

Unos de los temas más irracionales incluidos en las susodichas reformas, sin sustento alguno más allá de la ideología asaz barata, es el del maíz transgénico, grano genéticamente modificado. Ahí, la Cuarta Transformación brilla por su estolidez. Retomamos una publicación de hace unos meses, cuando López fijaba su postura para satisfacer a su clientela trasnochada y jipiosa con una clásica verborrea populista. Escribimos en febrero bajo el título “Maíz transgénico: nos hunde la ignorancia”, artículo del cual retomamos algunos fragmentos:

La profunda, patética ignorancia del presidente de México y sus adláteres, especialmente nocivos en el Congreso de la Unión —que cuentan entre sus filas a los pseudolegisladores del Morena, los impresentables verde ecologistas y a las las marionetas soviéticas trasnochadas del PT, principalmente, en un lapso relativamente breve ha asestado dos severos golpes al país: los libros de texto gratuitos, estólidos e ignaros, vergonzosos por sus pueriles errores y ofensivos por su descarado contenido ideológico, que pretende imponer el gobierno ante la defensa de las oposiciones y algunos estados, y un inminente panel de controversia en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que en realidad es el que nos hace precariamente viables como economía gracias al fenómeno del nearshoring, ventaja que está apunto de desaparecer antes de que se concrete la instalación de factorías chinas para surtir al mercado estadounidense —Jauja circunstancial, sin méritos gubernamentales, sino geo-económicos—: el asunto del maíz transgénico: el país vecino del norte solicitó el temido panel para la solución de diferencias en disputa sobre las políticas de malís transgénico en México.

Entre los muchos medios —casi todos— que ayer publicaron despachos urgentes, aleatoriamente tomamos la entrada de El País, emitido a las 13:02 horas: “Para Estados Unidos los cambios al decreto que prohibe la importación de maíz transgénico son insuficientes y han vuelto a amagar con llevar el tema a un panel de controversias vía TMEC, para frenar de tajo la iniciativa del presidente López Obrador”.

Desde el 23 de junio de 2009 escribimos lo que sigue en este mismo espacio:

“Leemos en la prensa una nota al propio tiempo preocupante y vergonzante: Canadá se suma a Estados Unidos contra México en la controversia sobre el comercio de maíz transgénico, pero no se trata de un diferendo sobre aranceles, integración nacional de los productos, dumping o algún otro tema típico del comercio internacional, sino de un tema científico-tecnológico y de salud en el que el gobierno mexicano, por lo menos su presidente, ha demostrado una ignorancia tan supina como obcecada.

“’El gobierno de Canadá decidió sumarse a la solicitud de consultas que hizo Estados Unidos , bajo el capítulo 31 del T-MEC, contra México por la prohibición al maíz transgénico para consumo humano por considerar que la decisión no tiene bases científicas'”, abre El Universal.

“¿Será que el señor López, en algún cubil casi en penumbras, apenas iluminado por humeantes veladoras rojas, rodeado de cortinas de hilos con chaquiras, conchas y caracolillos, y por efigies de santos y símbolos propiciatorios del más allá —eso sí: con música new age—, sacó las estampas de los santitos que, junto con los consabidos 200 pesos, guarda en la cartera —esto no es aderezo narrativo ni figura literaria de tipo alguno, pues las ha mostrado en sus “mañaneras”— e inquirió a los espíritus allende este mundo si el maíz transgénico era cosa del demonio y podía causar daño a las personas que osaran consumirlo? Tal vez, pero a científicos serios de este mundo, no del más allá, evidentemente no los consultó o por lo menos no los escuchó” (continuará).

HOMÚNCULOS

Pregúntanse, los militantes y simpatizantes de la Cuarta Transformación, por qué —con honrosas excepciones— les decimos chairos. Deberían saberlo, pero la expresión, pícara y villana, ciertamente, alude a quienes, por motivos ideológicos y facciosos, en vez de pensar racionalmente se dedican a la masturbación mental, a chaquetas ideológicas inservibles, como hacen los carniceros o los zapateros cuando usan un afilón para dejar bien agudas sus cuchillas.

Grosera, sí, la expresión: es insultante y pelada. Pero más lo es que se conduzca al país sin tomar en cuenta las realidades y opiniones científicas, sustituyéndolas por cachivaches para excitar fantasías jipiosas de seguidores fanáticos y mamertos.

GRILLOGRAMA

Política chaira…

Lector, pido tome nota

Que en el asunto transgénico

El gobierno, esquizofrénico

Se vio verdaramente idiota

columnacafenegro@gmail.com

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