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*POR LOS VIEJOS CAMINOS DE LA SURREALISTA Y “ESOTÉRICA DEMOCRACIA”*

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  1. RUSSELL CERÓN GRAJALES

 

Menudas distorsiones las de la falsaria, pero muy efectista y penetrante fraseología, de uso corriente en el mundillo de la actual política nacional.

 

De suerte que, el fantasma que a todos debiere agobiar, sería el omnipresente y manido “neoliberalismo”.

 

México es un país, cuya notable construcción institucional data de los albores de la era posrevolucionaria. Prácticamente, desde la tercera década del siglo XX.

 

Una nación que se reinventaba a partir de un régimen político no democrático -o de simulada democracia electoral-. De corte eminentemente autoritario, conforme las conceptualizaciones de la Teoría Política.

 

Un régimen, a mitad de trayecto entre el totalitarismo y la moderna democracia liberal.

 

“Una democracia esotérica” que con el otorgamiento de ciertos derechos sociales y libertades fácticas, pudo gozar de viabilidad y controvertida vigencia por 71 años.

 

Un México fundado sobre la piedra angular de un régimen de tal tesitura, y de un modelo económico introvertido, nacionalista, proteccionista, de sustitución de importaciones.

 

No hay país que pueda erigirse como actor relevante en el gran mercado global, si antes no ha constituido, protegido y consolidado sus fuerzas económicas internas, a partir del cierre relativo de sus fronteras al libre intercambio. Condición ‘sine qua non’ para impulsar la creación y fortalecimiento de un sector empresarial competitivo y visionario. Y, en efecto, el nutrido e importante sector privado mexicano es obra de la Revolución.

 

El modelo interiorista, protegió y favoreció tanto a los agentes nacionales de la economía, como a los extranjeros aquí operantes.

 

La idea central era proteger, arancelaria y no arancelariamente, durante cierto tiempo, a los actores nacionales y extranjeros aceptados y establecidos en México; para así, de manera gradual y consistente, ir liberalizando las reglas productivas del juego.

 

Pero esos agentes no pueden mantenerse indefinidamente operando en un mercado tan limitado. Ni tampoco un país puede sostenerse por siempre así. La naturaleza y fuerza del capital es la acumulación, la expansión inversora, la extroversión.

 

Lo esperado es administrar, desde la fortaleza productiva, la apertura y participación dentro de las redes liberales de la economía mundial. México estaba naturalmente hecho para ello. Un país de múltiples ventajas, para la exitosa emergencia global.

 

La politización ejercida, y la nada ortodoxa conducción financiera -en demérito de los objetivos técnico-económicos y estratégicos-, devino en crisis externa de pagos, que obligó a un giro aperturista más acelerado, desde la crisis, y no desde la conveniente estabilidad.

 

Pagada la factura, México es hoy un jugador global más preparado para un posicionamiento virtuoso entre líderes.

 

En términos rigurosos, en el globalizado México de hoy, no existe pugna entre modelos económicos. Lo deseable y pendiente es una mejor gestión social y productiva de la riqueza.

 

Las reiteradas declaraciones que atribuyen la retahíla de supuestos males de la economía, al “neoliberalismo”, es una ficción. Que una cosa ha sido la corrupción, como desvío de objetivos, y otra el señalamiento del modelo como tal.

 

Confundir causa y efecto, es de una ignorancia supina.

 

Trasnochada demagogia que ha logrado enquistar en el candor de mentes y decires, desconocedores de los fondos y trasfondos de la temática.

 

Un falso y absurdo discurso, tan encandilador como vacío.

 

Sin duda.

 

 

 

¡Felices Fiestas Navideñas!

Ciudad de México, 16 de diciembre, 2019.

 

 

russellceron@hotmail.com

 

 

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