Nuevo PRI, peor que el viejo

Por: Normando Medina Castro


No hay sorpresas en la política, nada ocurre por azar, todo obedece a causas y circunstancias. Desde hace muchos meses, cuando se le agotó el impulso de la publicidad que encumbró al presidente Enrique Peña Nieto y los miles de millones de pesos del erario público pagados a los medios de difusión se hicieron inútiles ante el incremento de la participación ciudadana en las redes sociales que, a pesar de sus defectos y riesgos, han sido determinantes para desnudar esa verdad dolorosa, que señala que los mexicanos fuimos engañados. El nuevo Partido Revolucionario Institucional (PRI) y sus paladines resultó peor que el viejo PRI, más rapaz, amoral y mitómano.

Surgió entonces el rostro de la corrupción sin freno de quienes fueron ofertados por los medios como estadistas con valores éticos, nacionalistas y demócratas que salvarían a la patria “del peligro” de caer en manos de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a quien con los mismos medios de difusión al servicio del poder le hicieron imagen, primero de violento, luego de chavista y populista que llevaría al país a la debacle. Hoy México está prácticamente en bancarrota.

El nuevo PRI que presumió Peña Nieto como sinónimo de modernidad y eficiencia ha llevado al país a una crisis económica y de credibilidad institucional inocultable. La voracidad de la generación de gobernadores como César Duarte de Chihuahua, Roberto Borge de Quintana Roo y Javier Duarte de Veracruz, sólo por mencionar tres ejemplos escandalosamente públicos, surgidos del PRI, dilapidaron la pertinencia y competitividad de ese instituto político. Los escándalos de corrupción del mismo presidente Peña Nieto y su gabinete han sido documentados y difundidos profusamente.

Ante ese panorama surge como prioridad la salvación del sistema político vigente. Los colores partidistas que representan y defienden la situación actual del país, es decir conservar los privilegios de los más ricos y poderosos, han caído en el descrédito. La estrategia entonces es la de encumbrar a un paladín del sistema sin militancia partidista para no cargar con el lastre que eso conlleva, pero con una lealtad inobjetable al poder fáctico. El hombre es José Antonio Meade Kuribreña, quien sin ser militante del Partido Acción Nacional (PAN) se desempeñó como secretario de Energía y posteriormente como secretario de Hacienda y Crédito Público, en el gobierno del panista Felipe Calderón Hinojosa. En el gobierno actual del priísta Enrique Peña Nieto ha ocupado la titularidad de las secretarías de Desarrollo Social, Relaciones Exteriores y Hacienda y Crédito Público, sin haberse afiliado al PRI, aunque en su comparecencia más reciente ante el Senado, confesó públicamente que en la elección presidencial de 2012 votó por Peña Nieto. Por cierto, en esa misma comparecencia, el senador panista Francisco Búrquez exhibió a Meade Kuribreña expresándole que “los mexicanos hemos padecido más de un sexenio de su mala política económica en la que presenta como un gran logro el aumento de la recaudación de impuestos. La vaca lechera del gobierno es el bolsillo del ciudadano”. Y todavía agregó el legislador que los programas sociales gubernamentales de nada sirven para remediar la pobreza porque únicamente se usan para la “compra de votos y se quedan en su mayoría en la red clientelar del PRI”.

Una vez que José Antonio Meade Kuribreña oficializó su renuncia a la titularidad de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y su pretensión de ser el abanderado del PRI en la contienda electoral por la Presidencia de la República, las adhesiones y muestras de apoyo de los sectores y organizaciones priístas, así como de integrantes del gabinete federal, senadores, diputados federales, gobernadores y demás “notables” del tricolor ha sido casi unánime. La cargada priísta está en apogeo en medio de su liturgia obsoleta y surrealista de pretender que su ungido es casi un semidios. Las reuniones con la Confederación de Trabajadores de México (CTM), liderada por Carlos Aceves del Olmo; la Confederación Nacional Campesina (CNC), por Ismael Hernández Deras y la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) por Arturo Zamora, fueron más de lo mismo. Priístas abriéndose paso a codo limpio para estar cerca de su virtual precandidato, voces que se desgañitan, algunos tambores y una solitaria matraca completan el escenario que quiere parecer festivo.

El diputado federal del PRI, José Luis Chanito Toledo, quien fuera delfín del ex gobernador de Quintana Roo, el hoy preso en Panamá Roberto Borge Angulo, se apresuró a declarar a los medios locales todos los elogios posibles hacia Meade Kuribreña. Por cierto el mismo Chanito Toledo hace unos meses tenía más de medio cuerpo dentro del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y sólo la oposición férrea de los morenistas de Quintana Roo lo impidió.

El ex gobernador de Quintana Roo y actual senador, Félix González Canto, no se hizo esperar y prontamente sacó en redes sociales un video adulatorio de José Antonio Meade. Los efectos de todas las jaculatorias priístas y la obsoleta cargada de sus personajes, algunos muy cuestionados, no creemos sean positivos para la causa del virtual paladín del agotado sistema político mexicano.

Una verdadera incógnita es el futuro del Partido Nueva Alianza (Panal), que a nivel nacional prácticamente quedó fuera del frente conformado por los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC). Al interior hay un enfrentamiento feroz entre los leales a la maestra Elba Esther Gordillo y el actual dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el maestro Juan Díaz. En Quintana Roo el Panal hizo causa común con el PRI y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en las elecciones pasadas más recientes. Eso le valió obtener una diputación local con Ramón Padilla Balam, y dos presidencias municipales, la de Lázaro Cárdenas con Emilio Jiménez, y la de Bacalar con Alexander Zetina, ambos ex dirigentes estatales del SNTE.

Una vez concluida esa elección del 5 de junio de 2016 los del Panal, con su único diputado local, se pasaron al bando de la alianza PAN-PRD para arrebatarle el control del Congreso a sus aliados del PRI. En el gobierno estatal actualmente tienen también la titularidad del Conalep y del Instituto de Capacitación para el Trabajo del Estado de Quintana Roo (ICATQR). La pregunta es ¿quién quiere aliarse con un partido así? Tanto la diputación como las presidencias municipales las ganaron con una aportación mayoritaria priísta, sin lugar a dudas.

¡Hasta la próxima!

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