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Columnistas

*INTELECTO Y POLÍTICA*

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  1. RUSSELL CERÓN GRAJALES

 

 

“RECORDEMOS QUE LA TEORÍA ABSOLUTA -Y LOS ABSOLUTOS SON PELIGROSOS-, LA TEORÍA SIN PRÁCTICA, PUEDE LLEVAR A LA ESTERILIDAD. PERO LA PRÁCTICA ABSOLUTA, SIN TEORÍA, PUEDE LLEVAR A LA BARBARIE”.

Jesús Reyes Heroles

 

Un “intelectual político o un político con ideas”, así se autocalificaba Jesús Reyes Heroles, uno de los visionarios y autores del cambio democrático en el siglo XX mexicano.

 

Para un hombre que creía en las instituciones y en la fuerza transformadora del Derecho, la crisis político-democrática de fines de los años 60, y de la interna e irresponsable crisis económica de la primera mitad de los años 70, le hizo diseñar y proponer un inédito proyecto de reforma que, a la postre, significó el inicio de la liberalización del sistema político mexicano.

 

Reyes Heroles insistía en la importancia de desarrollar una sociedad civil autónoma, en la que el Estado permitiera el crecimiento de espacios de tolerancia y disidencia políticas.

 

Pensaba que el Estado debía ser el elemento integrador de la sociedad, sin ahogar las iniciativas autónomas de ésta, ni de los individuos.

 

Estimaba que la oposición era necesaria y consustancial a la democracia, y pugnaba por abrir espacios institucionales para la controversia y la disidencia.

 

El resultado más notable de tales ideas fue la Reforma Política de 1977. Autor y primer impulsor de la misma, contribuyó con ella a fortalecer el acuerdo común entre todos los actores políticos, porque su método de conservación del Estado, y del orden político, no podía ser otro que el cambio, la modernización.

 

Su Reforma Política habría de culminar en una Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procedimientos Electorales (LOPPE), que, promulgada en 1977, definió a los partidos políticos como entidades de interés público; estableció el registro de nuevos partidos, condicionado al resultado de las elecciones; favoreció el acceso de todos los partidos a los medios de comunicación, y creó la figura de diputados por el principio de representación proporcional.

 

Abundaba en su producción discursiva:

 

“Pacíficamente, fortaleciendo y depurando nuestras instituciones, podremos dominar, conjugando ideas, aquellas fuerzas que suicidamente creen que debilitando las instituciones nacionales, desprestigiándolas, pueden triunfar.

 

‘Defenderemos celosamente las instituciones nacionales, pues con ellas podemos cambiar cuanto sea necesario cambiar, y conservar lo que debemos conservar… Con las instituciones, todo, incluso su cambio. Contra ellas, nada.

 

‘Las fuerzas armadas constituyen una de nuestras instituciones, que por su origen popular, por nacer del fondo del pueblo, y haberse mantenido a su servicio, son garantía de evolución institucional”.

 

Para rematar:

 

“Es más fácil ser dogmático que negociador. Ser intolerante que tolerante. Más fácil es dividir que juntar.

 

‘A quienes esgrimen ideas, combatámoslos con ideas. Respeto para nuestros adversarios, que no son nuestros enemigos, puesto que son mexicanos. Luchar porque no triunfen en las elecciones, pero ser los primeros en reconocer su victoria cuando ocurra, conscientes de que ésta, más que un triunfo de nuestros adversarios, es una autoderrota; y que debemos, rápidamente, eliminar todo aquello que nos condujo a ella”.

 

Fue en la orgullosa y siempre erguida Facultad de Derecho de la Máxima Casa mexicana de Estudios, donde se inició en la Ciencia Política, con 2 grandes juristas y Maestros: Mario de la Cueva y Manuel Pedroso.

 

Ahí estudió. Ahí se graduó.

 

Su trabajo de Investigación: “Tendencias actuales del Estado”.

 

Ahí se desempeñó como Profesor.

 

Ahí impartió la cátedra de “Teoría General del Estado”.

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