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*INFLEXIONES MEXICANAS 2020*

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En un entorno que marca crecimiento para nuestro principal socio comercial, EE UU, la gestión de la economía mexicana ha sido muy esmerada en autoinfligirse un resultado adverso de crecimiento prácticamente nulo.

 

El crecimiento económico tiene incidente relación con factores diversos; pero, ante todo, con el nivel, cuantía y calidad de la inversión pública y privada.

 

Inversión pública general, y no sólo estatal, en donde los alicaídos recursos de la federación han castigado, sobremanera, a varias partes del todo.

 

Y en donde la inversión privada interna se mantiene retraída; debido, en gran medida, a una conducción errática de una economía que demanda reglas claras y decisiones congruentes de suma positiva.

 

Cuadro en el que no ha bastado el arribo de un incremental monto de Inversión Extranjera Directa, aunque por debajo de su enorme potencial para una detonación más fluida de la economía.

 

Lo preocupante ahora, es la anodina perspectiva 2020 de crecimiento. Y el desaliento que persiste en importantes segmentos de la escena privada nacional e internacional, con potencial inversor.

La toma de decisiones de inversión, en un contexto global de intensa competencia por atraerla, reclama claridad, certeza y garantías, que tendrían que saberse promover y comunicar desde el vértice de la máxima vocería nacional. O comenzando por ahí.

 

Ubiquemos el punto más técnico de referencia:

 

  • Para estar en aptitud de acceder a la tasa-meta de 4 por ciento anual de crecimiento, el país requiere de una inversión total sostenida del 25 por ciento del PIB.

 

  • Con un nivel de inversión privada del 20 por ciento.

 

  • Y otro de inversión pública, del 5 por ciento.

 

  • Siendo que la inversión debe sustentarse en proyectos económica y socialmente rentables, y enfocados a sectores detonantes, como infraestructura, industria y tecnología.

 

Bajo ese prisma, la cuidadosa gestión económica del Estado de Quintana Roo está registrando un respetable crecimiento, que no sólo supera la controvertida media nacional, sino que se instala como uno de los más elevados del país.

 

En el mundo, no todas las regiones y sectores productivos se comportan de igual modo. Las estructuras, vocaciones y naturalezas son disímbolas. Y sin tocar la zona norte, que se cuece aparte, la zona sur del Estado está mostrando signos positivos promedio, más allá del ruido y desatino de algunas aventuradas y sesgadas afirmaciones en contrario, tan desapegadas de riguroso contexto, y divorciadas de fuente sólida de acreditación.

 

La intencionalidad política también juega.

 

Nunca falta.

 

 

 

¡Venturoso Nuevo Año!

 

Ciudad de México, 13 de enero, 2020.

 

 

russellceron@hotmail.com

 

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