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CONSULTA SOBRE EL TREN MAYA, ¿A INDÍGENAS O PUEBLOS ORIGINARIOS?

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Visión Intercultural
Francisco J. Rosado May
fjrmay@hotmail.com

Después del foro sobre el tren Maya en Mérida y de la consulta sobre la creación del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, ha resurgido una discusión que pensé ya estaba resuelta: ¿pueblos indígenas o pueblos originarios?

La confusión, argumentan algunos, es porque un pueblo puede ser originario, pero no indígena. Por ejemplo, el municipio de San Nicolás de los Garza en Nuevo León, el mas rico del país, con un PIB de 26, 636 dólares por persona (según Standard & Poor’s) tiene población originaria de ahí; pero ni el municipio ni sus habitantes existieron en épocas precolombinas. Entonces las personas con este argumento prefieren usar el término de pueblos indígenas, no el de pueblos originarios.

El concepto de indígena tiene sus orígenes en el siglo XVI, cuando los españoles se vieron obligados a darle un nombre genérico a los habitantes del lugar que conquistaron. Para ello se basaron en el latín, lengua madre del español, combinando la palabra “inde”, que quiere decir “del país o región”, con la palabra “genos” que quiere decir “nacido u originario”. La palabra indígena, entonces, no tiene relación con la palabra “indio”, palabra que refleja la confusión original de Colón que pensó haber encontrado una ruta occidental a la India. Pero en el imaginario de demasiadas personas, esta diferencia no se detecta.

Aun en pleno siglo XXI tenemos la confusión de términos. El sentido, percepción y uso de una palabra no está dada, lamentablemente, por su etimología sino por la intención que el uso de la palabra trae consigo. Esto en parte explica el racismo, discriminación, falta de respeto, hacia los indígenas borrando el legado cultural y cognitivo acumulado durante milenios.

El movimiento zapatista de los años 90 del siglo XX y otras luchas sociales que se habían acumulado en Latinoamérica en años previos, sentaron las bases para usar otra palabra que exprese la esencia de los pueblos indígenas, pero sin la carga negativa de percepción en el uso de esta. Esa palabra fue: “pueblos originarios”. Quizá esa misma forma de pensar existió cuando en otros idiomas acuñaron la palabra “aborigen” o “nativo” o “local”, todas tratando de establecer una palabra que defina un concepto: la diferenciación del “otro”, en sentido figurado para un conjunto de personas, que no tiene en su bagaje cultural los mismos elementos que tiene la cultura occidental. Recordemos que fueron los propios europeos quienes se autodenominaron como “occidentales” (ver el libro de Octavio Ianni, “La occidentalización del mundo”) usando esa percepción en el proceso de colonización que agresivamente hicieron para imponer su visión de “civilización” y mantenerse, así, como diferentes de los pueblos conquistados.

De acuerdo con estudiosos en la materia, la cultura occidental se sustenta precisamente gracias a esa diferenciación, como si fuera una aplicación del dicho “divide y vencerás”. La diferenciación es un elemento crítico para justificar el individualismo, forma de integración en una sociedad que es diferente al del colectivismo que caracteriza a los pueblos no occidentales. Otro elemento es la propiedad privada, occidental, versus propiedad comunal, indígena.

Los elementos antes mencionados son muy importantes para el tema de la consulta pública, libre, previa, informada y culturalmente pertinente. No es lo mismo hacer una negociación con una persona que posee la propiedad privada de un territorio que hacerlo ante una comunidad que percibe al territorio como un bien común. No entender estas diferencias ha generado corrupción, manipulación simulación, amenazas, e incluso muertes. Y aquí los políticos tienen mucha responsabilidad, cuando toman decisiones que no tienen sólidas bases de entendimiento de procesos sociales y culturales. En este sentido la educación intercultural cobra una importancia relevante en el desarrollo de nuestra sociedad.

Para organismos y acuerdos internacionales el término de “pueblos indígenas” prevalece sobre el de “pueblos originarios” haciendo prácticamente sinónimos ambos términos cuando se refieren a las diferencias culturales entre sociedades. El Acuerdo 169 de la OIT, por ejemplo, acepta el concepto “indígena” desde la versión de 1989. Ha habido intentos de dar uniformidad a las personas, bajo los términos de “equidad”, “igualdad”, pero no han funcionado, sino que ha prevalecido el “reconocimiento del otro”. Actualmente el Acuerdo 169 de la OIT usa el término “pueblos indígenas”. Para la cultura occidental la idea de igualdad social está cada vez mas presente en el imaginario de su sociedad, pero en un contexto de “reconocimiento del otro”, en el que el otro es el indígena. Los pueblos indígenas, por su lado, tienen una idea que combina semejanza con diferencia; es decir no hay dos cosas iguales, pero sí pueden ser semejantes, esta es una realidad que se da en forma simultánea e inseparable y explica la visión comunitaria que caracteriza a los pueblos originarios.

En conclusión, en la consulta del tren Maya participarían pueblos indígenas, o bien, pueblos originarios, son sinónimos para efectos prácticos.

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Verdades Ocultas

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por Enrique Leal Herrera

Cuando se está comprometido con un Proyecto de Gobierno se nota así lo ha demostrado la Presidenta Municipal de Solidaridad LAURA BERISTAIN NAVARRETE, al rechazar el mando único, decir no a los aumentos, ella expreso que no subirá los impuestos y ofreció un descuento del 50% por ciento en alumbrado público, sobre el mando único de la Policía fijo su postura de que solo puede ser el presidente electo ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR quien lo instituya cuando él entre en funciones lo pida y ella encantada aceptaría.

LAURA BERISTAIN NAVARRETE dejo en claro que tendrá una coordinación muy fuerte con el Gobierno Federal, la Cámara de Senadores y Diputados para beneficio del Municipio de Solidaridad el cual recibió en lamentables condiciones carente de orden “es decir sin pies ni cabeza”.

En el Partido Revolucionario Institucional en sus oficinas ubicadas en el Municipio de Benito Juárez, las cuales parecen un desierto ya que ni las moscas se paran, eso es sinónimo de una grave falta de liderazgo, pero donde si hay un líder y está muy pendiente de sus agremiados es en el Sindicato de Trabajadores al Servicio del Ayuntamiento DELIA ALVARADO ha demostrado ser una mujer que vive siempre buscando lo mejor para sus agremiados, prueba de esto es que entrego uniformes junto a la presidenta municipal MARA LEZAMA para los trabajadores del ayuntamiento, una Administración que comienza a destacar por sus problemas internos y más aun con los regidores, donde la Regidora NIURKA SALIVA acusa de dictadura ya que les quieren imponer muchas cosas como las comisiones asignadas a principio de la Administración, expreso que hoy los pre cabildeos son una burla y pérdida de tiempo porque nunca son para tomar acuerdos además critico dura y acertadamente el mando único de la Dirección de Policía.
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lealenrique1@hotmail.com

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*EL INDISCRETO ENCANTO DEL POPULISMO*

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DESPACITO Y BUENA LETRA
Russell CERÓN GRAJALES

¿DEVALUACIÓN O DEPRECIACIÓN?
El tipo de cambio expresa la relación de valor entre las monedas del mundo. Es el precio de la moneda extranjera respecto de la moneda local. Sea por vía de control de las autoridades monetarias (gobierno o banca central), o por ser libre, flotante o flexible a las fuerzas del mercado.

Se devalúa una moneda nacional si la caída de precio se produce dentro de un régimen de tipo de cambio controlado o fijo. Se deprecia, como resultado de los ajustes propios de un régimen cambiario libre.

En sentido inverso, se guardan correspondencia los términos devaluación-revaluación; depreciación-apreciación (binomio este último, más constante; de ida y vuelta).

La devaluación en México se presentaba antaño, cuando dentro de un esquema controlado del tipo de cambio –en sus diversas modalidades-, el gobierno propiciaba o decidía que la moneda nacional pasara de un valor a otro, provocando una serie de ajustes en la economía. Siendo que ahora, y desde 1995, ya no está sujeta la moneda a una paridad fija, al adoptarse un régimen de tipo de cambio flexible o de libre flotación, que se atiene a las leyes del mercado, al libre juego de la oferta y la demanda entre divisas, aunque preciso es tomar en cuenta que es la autónoma banca central mexicana la que actúa como reguladora de los movimientos cambiarios, en el comercio de divisas.

De manera que es la intervención, o no intervención, de la autoridad gubernamental, la que determina si estamos ante un escenario de devaluación o de depreciación. Saber distinguir, nos hace percibir cómo la coyuntura económica y los eventos políticos pueden llegar a incidir en el valor o precio de una moneda. El grado de confianza que ésta produce, y la economía toda.

Desapegándonos un poco de los rigores y purismos de la teoría; y mirando de manera más extensiva y literaria, y siempre en directo vínculo con la diferenciada terminología precio-valor, la depreciación de una moneda ocurre más por cuestiones circunstanciales o coyunturales, sean exógenas o endógenas, que motivan percepciones y expectativas de los reactivos y nerviosos mercados financieros. Tal es su naturaleza.

La devaluación, en cambio, es fenómeno más grave y delicado, que obedece a consideraciones de carácter más profundo o estructural, resultado de un desorden o disfuncionalidad entre los indicadores o variables fundamentales de las cuentas nacionales e internacionales de un país, detectables a través del interrelacionado estado de cosas que exhibe o denota, más particularmente, la Balanza de Pagos, que hace registro de las relaciones económico-comerciales y económico-financieras de una nación con el mundo. Que la economía internacional se desarrolla y solventa en divisa fuerte de referencia; y que competitivamente, para estar en condición de responder al tipo de tareas y caras obligaciones exteriores, hay que saber atraer, ingresar, y mejor administrar. Y nunca, pero nunca, espantar.

Se toma una decisión, e ipso facto, los mercados institucionales premian o castigan. En el peor de los casos, el impacto entre los enlazados agentes económicos o de inversión de la globalidad puede generar un multifactorial desbalance oferta-demanda de valores, con los consecuentes influjos en la determinante cuenta exterior de divisas, tan escasas como son éstas, y tan competidas y acariciadas para la sana y sostenible cumplimentación de los complejos compromisos internacionales.

Si en los últimos días hemos observado un coyuntural y negativo deslizamiento cambiario de la moneda mexicana, esperemos que tal comportamiento no se sistematice con la toma de medidas ejecutivas y legislativas de alto riesgo en su potencial de volatilidad financiera, que puedan alterar o desatar los buenos nudos de estabilidad largamente construidos, y hasta hoy mantenidos, que se contienen en los sensibles y frágiles mecanismos de equilibrio, y benéficas compensaciones, que muestran y acreditan las cuentas internacionales de México.

La gobernanza económica, de la que depende la suerte política y social de nuestro país, es cosa demasiado seria y se nutre de disciplinadas medidas técnicas, mucho más allá de ideologías de diverso cuño. Porque tiene que saberse incentivar la generación de riqueza productiva, para aspirar a la asignación de un responsable gasto social. Cuestión de sostenibilidad técnica, de balances y equilibrios. Como en la misma administración personal, familiar y empresarial.

La economía, la ciencia de la prudencial gestión de la escasez, es en esencia la administración de la casa. De la casa mayor, ciertamente. Y si no, a la rendición de cuentas. A las sanciones normativas, que no sólo políticas. Y a revisar el marco normativo, y la calidad de sus mecanismos y procedimientos.

Lo demás, efectista y seductor a los oídos y sentires del auditorio será, pero carente de sustento técnico. E insostenible en el tiempo, excepto en el plazo corto o mediano. Populismo puro.

El cautivador y embriagante canto de las sirenas.

La efímera felicidad, trastocada en delirante pesadilla.

Ciudad de México, noviembre de 2018.

russellceron@hotmail.com

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Russell CERÓN GRAJALES

El tipo de cambio expresa la relación de valor entre las monedas del mundo. Es el precio de la moneda extranjera respecto de la moneda local. Sea por vía de control de las autoridades monetarias (gobierno o banca central), o por ser libre, flotante o flexible a las fuerzas del mercado.

Se devalúa una moneda nacional si la caída de precio se produce dentro de un régimen de tipo de cambio controlado o fijo. Se deprecia, como resultado de los ajustes propios de un régimen cambiario libre.

En sentido inverso, se guardan correspondencia los términos devaluación-revaluación; depreciación-apreciación (binomio este último, más constante; de ida y vuelta).

La devaluación en México se presentaba antaño, cuando dentro de un esquema controlado del tipo de cambio –en sus diversas modalidades-, el gobierno propiciaba o decidía que la moneda nacional pasara de un valor a otro, provocando una serie de ajustes en la economía. Siendo que ahora, y desde 1995, ya no está sujeta la moneda a una paridad fija, al adoptarse un régimen de tipo de cambio flexible o de libre flotación, que se atiene a las leyes del mercado, al libre juego de la oferta y la demanda entre divisas, aunque preciso es tomar en cuenta que es la autónoma banca central mexicana la que actúa como reguladora de los movimientos cambiarios, en el comercio de divisas.

De manera que es la intervención, o no intervención, de la autoridad gubernamental, la que determina si estamos ante un escenario de devaluación o de depreciación. Saber distinguir, nos hace percibir cómo la coyuntura económica y los eventos políticos pueden llegar a incidir en el valor o precio de una moneda. El grado de confianza que ésta produce, y la economía toda.

Desapegándonos un poco de los rigores y purismos de la teoría; y mirando de manera más extensiva y literaria, y siempre en directo vínculo con la diferenciada terminología precio-valor, la depreciación de una moneda ocurre más por cuestiones circunstanciales o coyunturales, sean exógenas o endógenas, que motivan percepciones y expectativas de los reactivos y nerviosos mercados financieros. Tal es su naturaleza.

La devaluación, en cambio, es fenómeno más grave y delicado, que obedece a consideraciones de carácter más profundo o estructural, resultado de un desorden o disfuncionalidad entre los indicadores o variables fundamentales de las cuentas nacionales e internacionales de un país, detectables a través del interrelacionado estado de cosas que exhibe o denota, más particularmente, la Balanza de Pagos, que hace registro de las relaciones económico-comerciales y económico-financieras de una nación con el mundo. Que la economía internacional se desarrolla y solventa en divisa fuerte de referencia; y que competitivamente, para estar en condición de responder al tipo de tareas y caras obligaciones exteriores, hay que saber atraer, ingresar, y mejor administrar. Y nunca, pero nunca, espantar.

Se toma una decisión, e ipso facto, los mercados institucionales premian o castigan. En el peor de los casos, el impacto entre los enlazados agentes económicos o de inversión de la globalidad puede generar un multifactorial desbalance oferta-demanda de valores, con los consecuentes influjos en la determinante cuenta exterior de divisas, tan escasas como son éstas, y tan competidas y acariciadas para la sana y sostenible cumplimentación de los complejos compromisos internacionales.

Si en los últimos días hemos observado un coyuntural y negativo deslizamiento cambiario de la moneda mexicana, esperemos que tal comportamiento no se sistematice con la toma de medidas ejecutivas y legislativas de alto riesgo en su potencial de volatilidad financiera, que puedan alterar o desatar los buenos nudos de estabilidad largamente construidos, y hasta hoy mantenidos, que se contienen en los sensibles y frágiles mecanismos de equilibrio, y benéficas compensaciones, que muestran y acreditan las cuentas internacionales de México.

La gobernanza económica, de la que depende la suerte política y social de nuestro país, es cosa demasiado seria y se nutre de disciplinadas medidas técnicas, mucho más allá de ideologías de diverso cuño. Porque tiene que saberse incentivar la generación de riqueza productiva, para aspirar a la asignación de un responsable gasto social. Cuestión de sostenibilidad técnica, de balances y equilibrios. Como en la misma administración personal, familiar y empresarial.

La economía, la ciencia de la prudencial gestión de la escasez, es en esencia la administración de la casa. De la casa mayor, ciertamente. Y si no, a la rendición de cuentas. A las sanciones normativas, que no sólo políticas. Y a revisar el marco normativo, y la calidad de sus mecanismos y procedimientos.

Lo demás, efectista y seductor a los oídos y sentires del auditorio será, pero carente de sustento técnico. E insostenible en el tiempo, excepto en el plazo corto o mediano. Populismo puro.

El cautivador y embriagante canto de las sirenas.

La efímera felicidad, trastocada en delirante pesadilla.

Ciudad de México, noviembre de 2018.

russellceron@hotmail.com

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