La conmemoración del Día de Muertos en Playa del Carmen dejó ver este 2 de noviembre un escenario distinto al de años anteriores en el panteón municipal: menos visitantes de los esperados y varias tumbas en evidente abandono.
Durante un recorrido por el camposanto, ubicado en la colonia Luis Donaldo Colosio, se observaron sepulcros sin mantenimiento reciente. En algunos casos, los familiares colocaron únicamente un ramo de flores, sin pintura ni trabajos de arreglo visibles. La imagen contrastó con la expectativa de una fecha en la que tradicionalmente las familias acuden a limpiar, adornar y recordar a sus seres queridos.
Una tradición que, según visitantes, pierde fuerza
Entre las personas que acudieron al lugar hubo quienes atribuyeron esta menor presencia a un cambio generacional y a la pérdida de costumbres dentro de los hogares. Una de las asistentes, Fátima Morales, señaló que en años pasados el panteón recibía más visitas y que ahora percibe menos interés por mantener viva la tradición.
También expresó que, en su visión, la celebración del Día de Muertos se ha ido debilitando con el tiempo. En ese sentido, consideró que el respeto por esta fecha depende en buena medida de la enseñanza familiar y del valor que cada nueva generación otorgue a las costumbres.
El valor simbólico del 2 de noviembre
De acuerdo con la tradición popular citada por los visitantes, el 2 de noviembre corresponde al momento en que las almas de los adultos regresan al mundo de los vivos para convivir brevemente con sus familiares. Algunas interpretaciones señalan que la despedida ocurre al mediodía del 3 de noviembre, cuando se cierra el ciclo de esta conmemoración.
Sin embargo, más allá de las creencias, la jornada en Playa del Carmen mostró una realidad concreta: menor asistencia al panteón y señales de descuido en varias tumbas. Para algunos asistentes, esto refleja no solo falta de mantenimiento, sino también un distanciamiento paulatino de una tradición que durante décadas reunió a las familias en torno a la memoria de sus difuntos.
La visita al panteón dejó así una lectura doble: por un lado, la permanencia de quienes aún sostienen el ritual de llevar flores y recordar a sus muertos; por el otro, la preocupación de quienes perciben que el Día de Muertos pierde fuerza entre las nuevas generaciones.



