Visión Intercultural
Francisco J. Rosado May
fjrmay@hotmail.com
Hace no muchos días el país se estremeció con la noticia de la muerte de 5 bebés en un hospital de Durango. En Jalisco también se informó de al menos 11 casos de bebés muertos en un hospital. No hay palabras para expresar el dolor que siguen pasando los padres, especialmente la madre, de esos bebés, criaturas inocentes que fueron víctimas de negligencia. Los reportes son desgarradores, la presencia de bacterias y muy posiblemente hongos podrían explicar los fallecimientos en las áreas de neonatos de los hospitales.
Los derecho-habientes que acuden a un servicio médico público confían en la honestidad, profesionalismo, y las condiciones sanitarias del hospital. En ocasiones no hay otra alternativa, es la única dada la situación socioeconómica familiar. Pero esa situación no debe influir en que el servicio prestado sea de mala calidad.

No se sabe cuántos de los bebés fallecidos nacieron por cesárea o en forma natural. En la revista Global de la UNAM TV, el 27 de agosto 2026 tres autores publicaron el artículo titulado “Epidemia de cesáreas pone en riesgo a mujeres y bebés”. Los autores mencionan que en 2010 la tasa de cesáreas en México fue del 45%, en 2023 el valor subió a 55%. No es buena noticia. Los investigadores señalan que la Organización Mundial de la Salud ha sugerido una tasa de entre el 10 y el 15% de partos por cesárea como aceptable. México está muy por arriba. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Dinámica Demográfica del INEGI, en 2024 la tasa en Quintana Roo fue de 48.2%, abajo del valor nacional pero muy arriba del rango de la OMS.
Se ha documentado extensivamente que la práctica de la cesárea no es recomendable. Sin embargo, es una práctica popular debido a la insistencia de algunos médicos, mala educación de los padres, miedo al parto natural, o simplemente moda.
Con la noticia de la muerte de bebés neonatos en hospitales públicos ¿no sería bueno desarrollar una estrategia nacional a favor del parto natural en casa? Obviamente se debe aprovechar el vasto conocimiento en el país por parte de las parteras tradicionales y complementar con prácticas médicas en un ambiente de respeto, seguro y de confianza. No es difícil, pero parece que no hay la voluntad política para empujar la idea más fuerte de lo que se ha hecho actualmente ni el apoyo a instituciones que ofrecen entrenamiento de muy buen nivel para formar parteras con prácticas tradicionales. Si a lo anterior se suma que prácticamente no hay investigación académica sobre la partería tradicional, entonces estamos construyendo un entorno donde el conocimiento se está perdiendo a pasos agigantados y los servicios públicos en mal estado.
¿Habrá algún legado positivo con la muerte de tanto bebé?
Punto y aparte.
El Comité Nobel Noruego decidió recientemente otorgar el Premio Nobel de la Paz 2026 a Navanethem “Navi” Pillay por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional. Es de origen Tamil indio, creció en un contexto de apartheid en Sudáfrica. Se convirtió en abogada y se enfrentó a la profunda discriminación estructural, la segregación y la exclusión.
Dos de sus famosas expresiones: “todo lo que tenemos hoy para proteger los derechos humanos no surgió porque los Estados un día despertaron y dijeron que debían hacer más para proteger a los ciudadanos. No fue así. Surgió de la presión de la sociedad civil”. “¿Por qué tiene que ser uno valiente para denunciar violaciones a derechos, cuando debería ser la norma?”
El galardón a Navi nos dice que ayer, hoy y mañana nos falta muchísimo en el respeto a los derechos humanos, especialmente en contextos de pueblos indígenas. Los que estamos en la lucha vemos renovadas las motivaciones. No hay dejar que se violenten nuestros derechos.



