Visión Intercultural

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Francisco J. Rosado May: PROFESOR INVESTIGADOR DE TIEMPO COMPLETO EN LA UNIVERSIDAD INTERCULTURAL MAYA DE QUINTANA ROO

El 5 de noviembre SEDATU convocó, en Tulum, a un taller para conocer y aportar elementos que conduzcan a la elaboración del Ordenamiento Ecológico Territorial del Sur-Sureste, es decir de la península de Yucatán, Tabasco y Chiapas. Asistieron personas con amplia experiencia en temas de ordenamiento, planeación urbana, o impactos ambientales. También asistieron funcionarios municipales de varios municipios, académicos y empresarios.

El interés de los participantes era notorio porque estaba fresco en la memoria que el Programa Municipal de Ordenamiento Territorial, Ecológico y Desarrollo Sustentable (PMOTEDUS) de Tulum, publicado en la recién terminada administración municipal, había sido desconocido por SEMARNAT. Incluso mediante la controversia constitucional 68/2021, la SCJN otorgó la suspensión del instrumento. El de Carrillo Puerto tampoco recibió el aval de SEMARNAT argumentando graves fallas en el proceso de su elaboración. ¿Cuántos otros municipios tendrían la misma situación?

El PMOTEDUS guía de planeación para el desarrollo de un municipio. Geográficamente el municipio es un territorio pequeño que está entrelazado física, ambiental, biológica, y, muy posiblemente, económica, social y culturalmente, con otros municipios. Lo mismo sucede entre estados. Así, un municipio no podría contar con la información suficiente, necesaria y sólida sobre macroprocesos que implican los 6 factores antes mencionados, más la gobernanza. Se necesita un instrumento de nivel superior, un ordenamiento ecológico territorial (OET) de toda una región. Para este propósito, el gobierno mexicano determinó que Q. Roo corresponde a la región sur, sureste. Asumiendo que esta decisión es correcta, ¿qué se espera de un ordenamiento regional?

Pensando en que se debe y tiene que hacer una buena planeación de desarrollo, a nivel de municipio, ciudad o comunidad, las autoridades locales correspondientes tendrían el reto de tener respuestas a múltiples preguntas; tan solo con el agua las más conspicuas son: ¿De dónde extraigo agua para la población? ¿Qué capacidad de almacenamiento tiene la fuente? ¿Cuál es la capacidad de recarga del acuífero? ¿Qué factores impedirían una recarga adecuada? ¿Tengo capacidad de controlar esos factores? ¿Para cuanta población puedo tener agua? ¿Para qué tipos de servicios, públicos, comerciales, agrícolas, industriales, puedo garantizar agua? ¿Cuánta agua se estaría necesitando? Una vez que se usa el agua, ¿qué opciones tengo para su tratamiento y manejo? ¿Cuánto me costaría ese manejo? ¿De dónde saldrá el recurso? ¿Puedo medir el impacto ambiental del agua no tratada o mal manejada? Son solo 12 preguntas lógicas, de muchas otras que sobre el agua se deben establecer, pero que seguramente no tendrán respuesta las autoridades municipales.

Ahora imaginemos las preguntas sobre crecimiento poblacional y el impacto en la emisión de carbono al ambiente, coadyuvando al calentamiento global. Preguntas sobre los residuos sólidos, vivienda, etc. Es decir, son muchísimas más las preguntas sin respuestas para los funcionarios municipales. Y no es su responsabilidad, aunque deben contribuir a la búsqueda; la responsabilidad está en el instrumento de un nivel superior, el ordenamiento regional, mismo que debe garantizar la debida articulación de acciones diseñadas con base en macroprocesos (ecológicos, sociales, económicos, culturales, gobernanza, etc.) y, además, establecer mecanismos de monitoreo para la toma continua de decisiones correctas, racionales.

El ordenamiento ecológico territorial debe descansar y aportar información ecológica, no solo ambiental. En la exposición hecha en Tulum, los consultores no mostraron evidencia de entendimiento de procesos ecológicos medibles a nivel de región. Por ejemplo: ciclo hidrológico, movimiento de materiales, ciclo de nutrientes como el carbono, nitrógeno, fósforo, etc.

Sabiendo que la actividad humana y el crecimiento de población implican emisiones de carbono al ambiente, ¿Cuánta superficie, qué especies, donde y a qué distancia de la emisión se debe reforestar para que se capture ese carbono y no forme parte del incremento del calentamiento global?

En otras palabras, un OET debe honrar su nombre y presentar información ecológica sólida a nivel de procesos, no solo lo ambiental, e implementar con eficacia análisis de sistemas complejos. No hacerlo implica seguir con los mismos resultados que tenemos hoy: planeación sin bases ecológicas y con análisis simplistas (no se trata de determinar cuál de los macroprocesos es el más importante, no tiene sentido, todos los son y todos influencian a todos).

Interesante, aun cuando México formó parte del grupo de firmantes del Acuerdo de París, ha sido activo en las reuniones de COP (recientemente México se comprometió a eliminar la deforestación y tomar otras medidas para mitigar el calentamiento global), nuestro país fue muy activo en la recién reunión de Roma del G-20 donde se abordaron temas ambientales y también fue muy activo en reconocer que los sistemas alimentarios contaminantes deben modificarse, el OET, instrumento más importante de planeación del desarrollo, no lleva fuertemente incorporados dos elementos críticos: visión de ecosistemas (procesos ecológicos) y teoría de sistemas complejos. Algo hay que hacer y hacerse ya.

Es cuánto.

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