VISIÓN INTERCULTURAL

Francisco J. Rosado May PROFESOR INVESTIGADOR DE TIEMPO COMPLETO EN LA UNIVERSIDAD INTERCULTURAL MAYA DE QUINTANA ROO

A días de terminar este año 2020, un tema obligado en los medios es el de la pandemia. Por ejemplo, la portada y primeros artículos de Proceso del 20/12/2020, se dedican al fuerte impacto negativo que el covid19 está teniendo en personal de salud y en negocios. La publicación de El País Semanal del 19/12/2020, se titula “2020, un año maldito”, el cual dice todo; su portada, personal de salud llorando, “retrata toda la angustia, el dolor, y la incertidumbre que han marcado a fuego este 2020”.

Y como no identificarse con esos mensajes. El retroceso a semáforo rojo en varias entidades del país y en Q. Roo un decreto que declara el uso obligatorio de cubrebocas en lugares públicos, pidiendo a la población tener más cuidado, son evidencia de que la pandemia nos está rebasando.

Y sin embargo no hay la suficiente respuesta para evitar el colapso de hospitales. No solo hay aglomeraciones en las ciudades, también en pequeñas localidades no se observan las medidas. Por ejemplo, en José Ma. Morelos, en un conocido lugar donde rentas cabañas y hacen fiestas, el sábado en la noche y hasta las 5:00 h del domingo en que este artículo está siendo escrito, se llevó a cabo una fiesta. No se sabe con cuanta gente, con música estruendosa, molestando a toda la vecindad. Se notificó al 911, una patrulla de la policía llegó, no hizo absolutamente algo. Se llamó a seguridad pública, la respuesta fue que la patrulla no hizo nada porque no vio a nadie en la calle. ¿Fue fiesta de algún político o influyente? En varias ocasiones mencionaron su adhesión a un grupo político, quizá por ello no los molestaron. Prevaleció la impunidad, la corrupción, la mala actuación de servidores públicos …y el perjuicio de los vecinos.

La pandemia permitió ver la entrega profesional con altísimo contenido humano de los trabajadores de la salud. Muchos de ellos y ellas pusieron primero el interés público por delante de su propia familia y vida. Atendieron y hablaron con pacientes y familiares, dieron seguimiento, compartieron emociones: Muchos de ellos fallecieron o tuvieron que requerir intervención de sus colegas médicos y psicólogos para ser tratados cuando enfermaron del virus y albergaron en su pecho las emociones de ver tanto sufrimiento.

Tampoco dejamos de comer, los productores de los alimentos que consumimos no pararon sus actividades. Sin acceso a insumos de la tienda, para fertilizar o controlar plagas, tuvieron que crearlos. Unos echaron mano de sus conocimientos tradicionales, otros aprovecharon los aprendizajes obtenidos en el programa Sembrando Vida. Ahora saben que ya no tienen que depender de productos químicos de la tienda.

El ingenio en quienes viven del pequeño comercio también se hizo presente. Adaptándose y usando la tecnología digital y redes sociales, crearon grupos y mecanismos de distribución para mantener la actividad económica, fortaleciendo así el tejido social comunitario.

Y pensar que los de la fiesta en JMM podrían llegar a un centro de salud por haberse contagiado, cuentan con alimentos, servicios de entrega a domicilio de productos y sus hijos tienen clases a distancia, gracias a que hay personal de salud, productores de alimentos, comerciantes y profesores con alta conciencia y respetuosos de las indicaciones para evitar la diseminación del covid19.

Prefiero quedarme con los ejemplos de fortaleza y conciencia humana. El voto 2021 sabrá reconocerlo.

Reciba Ud. mis mejores deseos para estas celebraciones decembrinas y para el nuevo año. ¡Saldremos adelante!

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