DESPACITO Y BUENA LETRA

DR. RUSSELL CERÓN-GRAJALES DOCTOR EN DERECHO Y PROFESOR-INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO. CANDIDATO A DOCTOR EN ECONOMÍA POR LA UNAM.

El ajedrez político toma temperatura. Se ha trastocado, y anuncia la oportunidad de mover ficha.

El estado actual de cosas. La concentración y centralización del poder. Y su reforzamiento a partir de un legislativo monocorde, con visos de armada sobrerrepresentación, constituyen un desafío al escenario de sanos y convenientes equilibrios, tan propios de toda moderna institucionalidad democrática.

Lo que avizora un tiempo de alianzas o coaliciones electorales entre institutos políticos opositores que pugnan por romper asfixiantes monopolios en el ejercicio del poder público, y abrir con ello la baraja.

En liberal democracia, coaligarse es parte de una lógica y legítima opción estratégica. En regímenes parlamentarios, un imperativo para la formación de gobiernos sólidos y estables. Y ventana de recomposición y oxigenación para todo régimen que, como el presidencial, pueda ser puesto en franco riesgo de calidad democrática, y en entredicho la pervivencia de sus instituciones autónomas, y demás organismos asociados.

El mismo andamiaje sistémico -el electoral, particularmente- prevé mecanismos de factibilidad para la regulación distributiva y correctora de exorbitantes empoderamientos, con posibilidades de instituirse por la vía de una legalidad dirigida, y a modo.

Los puristas y dogmáticos de la política parecieren olvidar que, no obstante las consabidas y diferenciadas plataformas ideológicas o programáticas de partido, las coaliciones electorales pueden prosperar bajo disímbolos fines; y que tienen un alcance temporal. Y que esas alianzas, pudiendo ser construidas más programáticamente, y aun sólo pragmáticamente, no implican, en modo alguno, fusión de ideologías, o abdicación de una respecto de otra.

Por lo que coaligarse no supone sucumbir en convicciones. Simplemente, la identificación de puntos de coincidencia, vueltos prioridad ante una sensible y riesgosa coyuntura que pueda atentar contra el eje democrático, y su estructura vital.

Es la circunstancia la que marca pauta para la coincidencia; quedando a buen recaudo los comprensibles y naturales factores de disidencia.

Superado el punto crítico, la habitual intercompetencia habrá de proseguir, y regularizarse.

La pista mexicana, en la mira de circuito tan disputado.

La parrilla de salida, expectante, espera.

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