De acuerdo a un estudio realizado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), existen 3 fármacos que combinados con curcumina pueden ayudar al tratamiento temprano del COVID-19.

El estudio, realizado por el Instituto de Química de la UNAM, apunta que la curcumina es un producto natural con uso potencial en la prevención y tratamiento de covid-19; además de que se ha descrito que una alta ingesta de cúrcuma en la dieta tiene efectos beneficiosos contra la inflamación, la apoptosis y la replicación del ARN.

Dicha sustancia combinada con Limeciclina, Famotidina e Ivermectina serían puestas en un ensayo clínico para que sea usado como profiláctico en trabajadores de la salud para probar su efectividad.

La limeciclina es una tetraciclina que es usada en el tratamiento contra el acné. Aunque no hay evidencia directa de actividad antiviral, se ha informado que otras tetraciclinas tienen propiedades antivirales y antiinflamatorias.

La famotidina, es un bloqueador H2 capaz de reducir la cantidad de ácido producido en el estómago, un agente antiulceroso con perfil de seguridad óptimo. Además, en México está disponible en precios bajos, se administra una sola vez al día y se ha reportado pocos efectos adversos.

Se sabe que la ivermectina es un fármaco antihelmíntico semisintético que suele usarse en el tratamiento de infecciones por parásitos. Tiene actividades anticancerígenas y antivirales; además revelan actividad antiviral contra los virus zika, dengue, Newcastle y chikungunya.

Por último, la curcumina es un suplemento alimenticio cuyos beneficios en salud están reportados para ser utilizada como posible profiláctico contra la covid-19.

“Es necesario realizar ensayos clínicos Fase 3 para definir su utilidad en este sentido”, explica el estudio.

En dicho estudio, llamado “Unión es fuerza: medicamentos antivirales y antiinflamatorios para COVID-19”, participaron investigadores de diferentes institutos como: el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), la Escuela Superior de Medicina del IPN, el Hospital General de Culiacán y los Laboratorios Senosiain.

“Sabíamos que la única solución que íbamos a tener a corto plazo, en lo que llegaba la vacuna, es un reposicionamiento de fármacos, utilizar fármacos que ya están disponibles, aprobados ya sea por la FDA o por Cofepris, con algún antecedente como antivirales”, explicó Julio Granados, investigador del Instituto Nacional de Rehabilitación.

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