DESPACITO Y BUENA LETRA (COLUMNA EDITORIAL)

russellceron@hotmail.com

DOCTOR EN DERECHO Y PROFESOR-INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO. CANDIDATO A DOCTOR EN ECONOMÍA POR LA UNAM.

El período económico de “desarrollo estabilizador” (1954-1970), significó para nuestro país una sostenida etapa expansiva y evolutiva, que supo gestionarse con visión y disciplina financiera.

Lo que en foros internacionales fue calificado como “el nuevo milagro mexicano”. Que también lo había sido en la era porfirista; y más adelante, y por ocasión tercera, en la de la liberación económica y comercial de principios de los años noventa.

En el México de los sesenta, una creciente y fortalecida clase media demandaba apertura democrática. El activismo universitario de la capital federal se saldó en la Plaza de las Tres Culturas, con la represión oficial del 2 de octubre de 1968.

Y producto de las emergentes condiciones que ofrecía, y de su estatus de potencia media, México había sido elegido sede de los XIX Juegos Olímpicos de 1968, y del Campeonato Mundial de Futbol de 1970, cuando tales eventos eran fuente auténtica de reconocimiento y prestigio.

Para México, más allá de lo deportivo, dos escaparates para exponer ante el mundo la riqueza cultural y artística de un país contradictorio, pero deslumbrante y en tránsito de modernidad.

No sólo capacidad de organización; variedad y calidad de infraestructura, y registro memorable  de logros deportivos. Era el ambiente en tribuna; calles, plazas y avenidas. La fiesta permanente, la calidez, emotividad, intensidad y entrega populares.

En México, los hogares se abrieron de par en par para brindarse en estrecho abrazo y convivencia con los deportistas todos.

Juegos y Mundial que marcaron un antes y un después.

52 años desde México 68.

50 desde México 70.

Fiesta de fiestas en un país de abrazo sostenido e innata musicalidad.

En un país nacido para cantar, y encantar.

Y más allá de nuevas y sofisticadas tecnologías, y demás aditamentos que impregnan las sedes deportivas más actuales, casi unánime el reconocimiento mundial entre periodistas, reporteros, y visitantes: ninguna justa como las justas de México. Las mejores de la historia.

Ninguna tan entrañable y conmovedora como México 68 y México 70.

La magia no cesa. La magia no muere.

Y una pizca aquí, habremos de ir desentrañando.

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