Visión Intercultural
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Francisco J. Rosado May
PROFESOR INVESTIGADOR DE TIEMPO COMPLETO EN LA UNIVERSIDAD INTERCULTURAL MAYA DE QUINTANA ROO.

¿Recuerda usted el huerto escolar? Si estudió en una escuela rural, lo mas probable es que si lo recuerde.

En 1940 se formalizó en México el sistema de parcela escolar; la idea fue preparar a los alumnos en labores de producción agrícola, promover la cooperación entre comunidades y ejidos, así como generar rendimientos económicos para beneficiar la escuela. La parcela aún existe, muchos ejidos donaron tierras para ese fin; lo que prácticamente ya no existe es su aprovechamiento.

Las parcelas escolares se inspiraron en los huertos familiares (HF), nombre con que se le conoce al sistema de producción que se ubica alrededor de la casa donde, de acuerdo con Landon-Lane, FAO 2005, existe una vasta diversidad de los cultivos con el objetivo de proveer necesidades de la familia; tienen un papel primordial en asegurar alimentos, medicinas, fibras, combustible y materiales diversos. El HF fue importante para las poblaciones nómadas cuando decidieron asentarse, formando pequeñas comunidades. Han pasado siglos desde entonces y los HF siguen siendo muy importantes.

En 2014, la FAO cambió de perspectiva, señalando que “…en su forma más simple, un HF produce frutas, hortalizas y hierbas para comidas deliciosas y saludables, lo cual hace de ellos un inestimable instrumento para la seguridad alimentaria en las comunidades vulnerables”.

La influencia de los HF, también llegó a diversos programas de gobierno, pero bajo el concepto de 2014 de la FAO. Así, en el patio de las casas se sembraron especies que no forman parte, regularmente, ni en diseño, variedades o diversidad de los HF locales. Es decir, mal usaron el término y el concepto originales.

Las palabras HF son la traducción del inglés home garden. Lo mismo sería para un término equivalente, huerto de traspatio (backyard garden). En inglés también se usa kitchen garden, pero su traducción no ha sido popular en español. En otras palabras, no solo volteamos la mirada a una lengua extranjera para nombrar un agroecosistema local sino que cambiamos su conceptualización influenciados por el pensamiento occidental. Nos ganó la inercia, no nos tomamos la molestia para entender ese mismo sistema desde la óptica de sus creadores, de los indígenas. Me parece que una correción es necesaria e indispensable.

El sistema al que nos referimos como HF, en Maya se conoce comúnmente como “pach’ pakal”. Si bien “pach” se refiere a la espalda o parte de atrás de un cuerpo, de acuerdo con sabios locales, cuando se usa para referirse al agroecosistema que se crea y maneja, con hasta 120 especies, alrededor del hogar, incluyendo medicinales, ornato, frutas, verduras, material de construcción y animales, pach pakal quiere decir algo totalmente diferente. De entrada no se parece en nada al HF de programas gubernamentales, mucho menos en su significado cultural.

Para los sabios locales pach pakal es un concepto que se refiere al sistema agro-silvo-pastoril que representa la columna vertebral del acceso a recursos para el funcionamiento de una familia. No es el único sistema que tienen los campesinos, también cuentan con su milpa, abejas, selva, ganado, pero ninguno ofrece las mismas ventajas y propiedades del pach pakal.

Como la columna vertebral está en la espalda, se puede entender la confusión en la traducción, ya sea del maya o del inglés al español, pero con las aclaraciones culturales, lingüísticas y epistemológicas, es posible corregir la interpretación y ojalá que también inspire otros modelos de desarrollo de HF, en las políticas públicas, mucho mas apegados a su génesis y a la necesidad de captura de carbono, biodiversidad y cultura que no están presentes en muchos programas oficiales relacionados con los HF.

¿Sería difícil crear políticas públicas que apoyen el concepto original de HF? Hay que reconocer que los programas que a nivel de traspatio impulsan la producción de rábano, cilantro, repollo, cebollina, y similares, apoyan la alimentación y la economía familiar, pero sería mucho mejor que se pudieran complementar con los objetivos originales de los HF. Así se incrementaría la captura de carbono, se impulsaría la biodiversidad, el cuidado y guardia de semillas regionales y procesos de domesticación de especies animales y vegetales; también se apoyaría la integración familiar, la revaloración de conocimiento tradicional y se impulsaría su innovación. Todo lo anterior empoderaría a las comunidades y fortalecería la identidad local. Hay mucho más detrás de un HF que la sola producción y comercialización de algunas pocas especies foráneas.

No sería difícil aprovechar el potencial, no solo con respecto a los HF sino a muchos más sistemas tradicionales. El HF es solo un ejemplo que ilustra cómo estamos haciendo cosas que pueden mejorar, pero es necesario cambiar paradigmas de desarrollo y contar con personal adecuado. Todos, el planeta entero, saldríamos ganando.

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