DESPACITO Y BUENA LETRA (COLUMNA EDITORIAL)

russellceron@hotmail.com

(Parte VI)

Dr. Russell Cerón-Grajales
DOCTOR EN DERECHO Y PROFESOR-INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO. CANDIDATO A DOCTOR EN ECONOMÍA POR LA UNAM.

Al suicidio del Führer, sucedieron otros de varios de sus altos cargos y seguidores incondicionales.

Ese fatídico lunes 30 de abril de 1945, Berlín era un infierno encarnizado. Una ciudad en ruinas.

Las secuelas de los combates resultaban desoladoras. De día y de noche, la capital alemana había sufrido innumerables bombardeos que la habían reducido a escombros. Un patético escenario de polvo, humo y fuego. De indecible sufrimiento y muerte.

Pero la heroica defensa persistía y el cerco soviético se cernía sobre su propia área central, a escasa distancia de la ya lastimada Cancillería.

Había llegado la hora de asestar el golpe definitivo. Y ya los soviéticos habían situado el objetivo final en la captura del simbólico Reichstag, tan vigorosamente defendido por su guarnición.

El Reichstag sería testigo de las últimas horas de vida del régimen  nacionalsocialista.

La toma del colosal recinto, iniciada ese mismo día, fue excepcionalmente cruenta. Y no fue sino hasta las primeras horas del miércoles 2 de mayo, cuando los defensores alemanes rindieron la ciudad al Ejército Rojo. Rendición firmada por el General Weidling.

No obstante, los combates callejeros continuaron en algunas zonas de la ciudad, hasta la incondicional rendición de la Alemania nazi, ocurrida el 8 de mayo.

Las fuerzas germánicas prefirieron entregarse a los Aliados occidentales, antes que ser capturados y sometidos a la crueldad suma de los soviéticos.

Y fueron muchos los que, antes que quedar a merced de las tropas soviéticas, optaron por el suicidio,

La guerra había terminado. No así la oscura noche, que parecía haber sentado sus reales sobre el desangrado corazón de Prusia.

La macabra y ensordecedora sinfonía, lejos aún estaba de ejecutar su nota conclusiva.

Tras la victoria, el pillaje.

La infamante sed de revancha se precipitaba ahora sobre la inerme población civil berlinesa.

El horror habría de vivirse en los días que siguieron a su caída.

Uno de los episodios más inhumanos, vergonzosos y deleznables, en cualquier tiempo de posguerra.

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