DESPACITO Y BUENA LETRA (COLUMNA EDITORIAL)

russellceron@hotmail.com

Dr. Russell Cerón-Grajales
DOCTOR EN DERECHO Y PROFESOR-INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO. CANDIDATO A DOCTOR EN ECONOMÍA POR LA UNAM.

Uno de los efectos perniciosos del decrecimiento recesivo que se cierne sobre nuestro país, es el de la espiral deudora del sector público.

Pesado lastre que asoma por diversas vías, y que puede resultar más gravoso por cuestiones de pertinencia y eficiencia en el entramado de las decisiones gubernamentales.

Tenemos, en primera instancia, el endeudamiento anualmente contemplado en el presupuesto público, técnicamente considerado como ingreso fiscal extraordinario.

Seguidamente, y producto de la propia administración presupuestaria, el resultante nivel de déficit público. Sobregasto que se traduce puntualmente como deuda.

La tercera, es el adicional endeudamiento a generarse por la operación financiera en mercados abiertos. Esto es, como consecuencia de una eventual degradación o castigo infligido a México por las calificadoras internacionales de deuda.

Aquí, una baja en el grado cualitativo de la deuda nacional estaría ligada a la calificación de factores varios relacionados con la percepción de competitividad y confianza en el nivel o calidad de la  gobernanza económica y política de la nación.

De manera que, en la colocación de instrumentos mexicanos de obligación en mercado, éstos, para ser negociables, tendrían que ofertarse con mayores tasas de interés, dado el perceptible mayor riesgo de impago que obraría en contra nuestra. Y es aquí donde habría que considerar el consecuente impacto presupuestario.

Pero existe una cuarta y peor vía de endeudamiento que, ante tan críticos escenarios, e insistentes cuestionamientos a la calidad de la gestión pública, pondría en indeseable riesgo a la economía nacional.

Temática a recurrir en la siguiente Columna.

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