DESPACITO Y BUENA LETRA (COLUMNA EDITORIAL)

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Dr. Russell Cerón-Grajales
DOCTOR EN DERECHO Y PROFESOR-INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO. CANDIDATO A DOCTOR EN ECONOMÍA POR LA UNAM.

La Balanza de Pagos es crucial radiografía que pinta de cuerpo entero a un país.

Entre tantas facetas que la componen, estas Cuentas Internacionales muestran el peso técnico-financiero que para la estabilidad de una economía tiene la Inversión Extranjera Directa (IED).

En los últimos años -anteriores a 2019-, las proyecciones anuales promedio para México, rondaban los 20 mmdd de déficit en cuenta corriente de la Balanza de Pagos. Saldo indicativo de una salida tal de dólares de nuestro territorio, en el rubro exportaciones-importaciones de bienes y servicios con el mundo. Salida de divisas del mercado nacional que, por principio contable, tendría que ser compensada -en el mismo ciclo anual- con un ingreso alterno en dólares. Y aquí sólo hay por tres vías: la del sano y sostenible arribo de IED -por al menos un monto semejante al de dicho déficit-; por la de la infausta senda de la contratación de deuda externa, o por la aplicación de las reservas internacionales de la banca central. Banca que tiene especializadas funciones en materia de política cambiaria, pero no concebidas para la cobertura de ineficiencias financieras del aparato gubernamental.

Las cuentas deben cuadrar para mantener una bien calculada oferta de divisas en mercados. Divisas que no fabrica México y que debemos saber preservar, atraer, acumular, multiplicar y reservar para los efectos de poder garantizar la satisfacción de su demanda para el mundo de los negocios, y para el cumplimiento de las obligaciones internacionalmente contraídas por los sectores público y privado.

Los capitales extranjeros disponibles, siempre resultarán escasos respecto del nivel de demanda de tantos países urgidos de financiación para el desarrollo y de los ya expresados saldos negativos en la operación del sector exterior de sus economías.

La competencia por su atracción conlleva el despliegue de un sólido trabajo de promoción y de acreditación de buenas notas en términos de competitividad. Lo que quiere finalmente significar la presencia reconocida como nación estable en sus reglas, y confiable a toda ley para la inversión y los inversores. La carta fuerte de la certidumbre política y jurídica para el desarrollo de negocios.

Un gobierno competente y eficiente, tiene no sólo que declarar su disposición para captar IED, sino saber comunicar y dar los justos pasos para hacer efectiva la atracción de capital productivo, y dar con ello seguridad a las decisiones de política monetaria y cambiaria para la estabilidad económica de todos los agentes sociales.

Pasos ciertos, y no erráticos, para entrar en una dinámica de restauración y consolidación de la confianza, que propugne por una mayor y más profunda recuperación de la actividad económica.

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