DESPACITO Y BUENA LETRA (COLUMNA EDITORIAL)

russellceron@hotmail.com

Dr. Russell Cerón-Grajales
DOCTOR EN DERECHO Y PROFESOR-INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO. CANDIDATO A DOCTOR EN ECONOMÍA POR LA UNAM.

Cada año, un millón de mexicanos demandan incorporación a la fuerza laboral. Un mercado donde un punto actual de riqueza productiva (PIB) se hace corresponder con la creación aproximada de 250 mil puestos de trabajo, de vocación permanente.

Pero el crecimiento y el empleo no se generan por arte de magia, sino que se precisa de la Inversión pública y privada. Nacional y extranjera. Una inversión directa, productiva, fija, raíz, de largo plazo.

No basta el flujo de la siempre limitada inversión pública. Más cuantiosa y determinante deberá ser la privada. Y tampoco suficiente resulta el conjunto de la inversión nacional. Se requiere, y mucho, de la complementaria inversión extranjera; misma que al quedar integrada al aparato productivo, se compromete y se la juega con la suerte larga de la economía receptora, a la que transfiere su tecnología.

Por mucha que sea la oferta mundial de capital directo para el financiamiento del desarrollo, la necesidad y la demanda serán más acuciantes. Y la inversión es vía sana, sostenible, no deudora.

Por supuesto, será la capacidad competitiva de las naciones; la responsabilidad política y técnica de los gobiernos; y la certidumbre jurídica que otorguen a la inversión, los factores detonantes que terminarán por definir el éxito en su captación. El hacer bien las cosas. El saber inspirar ese supremo valor que es la confianza.

De ahí la preocupación por la virtual y muy reciente expulsión mexicana del paraíso de los 25 países más atractivos y calificados para la inversión extranjera, cuando se había mantenido, por años, entre los 10 ó 15 más confiables del planeta. Señal inequívoca de que algo no está funcionando o haciéndose bien en México. Que la pérdida de confianza no se ha dado simplemente así, por ósmosis. Perspectivas nada halagüeñas ante los ojos del mundo.

Además de los efectos perniciosos que, un demérito en el arribo de divisas fuertes, puede infligir a la política cambiaria y monetaria de nuestro país. Lo que sería posterior temática a tratar.

Un país grande y líder como el nuestro, merece, en democracia, retomar el vuelo y acometer políticas y acciones públicas, privadas y sociales, que vayan en la dirección correcta.

Un vuelo hacia un futuro moderno, prometedor, y de general oportunidad, y no un fatídico salto al pasado.

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