DESPACITO Y BUENA LETRA (COLUMNA EDITORIAL)

DR. RUSSELL CERÓN GRAJALES
russellceron@hotmail.com

Doctor en Derecho y Profesor-Investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México. Candidato a Doctor en Economía por la UNAM.

La historia de todas las sociedades es la historia de la lucha de clases.

Es ésta una de las ideas angulares del pensamiento de Marx, a la luz de su interpretación economicista de los fenómenos sociales. Variable permanente para todas las sociedades, en todas las épocas.

En términos marxistas, la historia es resultado del enfrentamiento de las fuerzas económicas de producción (capital y trabajo), representadas por dos clases antagónicas, pero con intereses complementarios: la clase detentadora de los medios de producción, y la clase portadora de la fuerza de trabajo.

Es la superación de sus latentes tensiones y contradicciones, la que hace posible la generación de la riqueza productiva. Crecimiento económico que queda expresado en clave presupuestaria de recaudación, asignación y ejecución, para procuración del desarrollo.

Si la estructura o base económica de la sociedad, condiciona o determina la lucha de clases, la superestructura política, jurídica e ideológica (cultural) no es más que irradiación o reflejo de la dialéctica económica de la base.

Lo relevante es observar cómo el actual nivel de interrelación tierra-propiedad, capital y trabajo, va reconfigurando -formal o fácticamente- al Estado y su poder político, al Derecho, y al conjunto de expresiones vitales que en la sociedad son. Y en la sociedad global, también.

Y en sentido inverso, el cómo los vientos de cambio que proceden del vértice más social o cultural de la pirámide, inciden, o pueden incidir, en la suerte del Estado y de la economía, marcando así el destino mediato, y no sólo inmediato, de nuestro país.

Un país puesto a prueba. Y a merced de un dilema de errática actualidad: democracia liberal o democracia-ficción.

Ciudad de México, 26 de mayo, 2020

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