Brasil ha sido uno de los países más golpeados por la pandemia de covid-19, algunos atribuyen las condiciones a la negación de los brasileños por usar cubre bocas y mantener el distanciamiento, incitados por el presidente Jair Bolsonaro.

Sólo en el último mes el país superó una serie de récords en relación a contagios y muertes por covid-19; la semana pasada registró otro máximo de 12,818 muertes y más de 464 mil casos nuevos, cifras de una propagación que incluso supera a Estados Unidos.

Hospitales de emergencia como Dr. Akira Tada en Sao Paulo, están abarrotados y los pacientes críticos son enviados a hospitales más grandes y mejor equipados, pero ahora pocos nosocomios tienen espacio para recibir a nuevos pacientes, incluso en el estado más rico y poblado de la nación.

Hasta el domingo 21 estados y el Distrito Federal de Brasil tenían una tasa de ocupación en sus Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) que superaba el 80%, por lo menos 14 UCI estaban al borde del colapso con una ocupación mayor al 90%.

Las clínicas abarrotadas representan un aumento en la demanda de oxígeno, con un riesgo inminente en su escasez; como en el estado de Rondonia donde la Oficina del Fiscal General advirtió que los suministros de oxígeno podrían agotarse en dos semanas.

En el caso del avance de la vacunación, sólo el 1.4% de la población está completamente vacunada hasta ahora, considerado un lento proceso de campaña de inoculación.

Fue este lunes que el gobierno de Brasil anunció la compra de 100 millones de dosis de la vacuna de Pfizer-BioNTech que deberán ser entregadas en septiembre; el país tiene encargadas unos 562 millones de dosis de vacunas que están previstas para ser recibidas el fin de año, un panorama esperanzador para la nación latinoamericana más golpeada del mundo.