VIVIMOS TIEMPOS VIOLENTOS EN QUINTANA ROO.

Por Diddier Felipe Vazquez Mendez

17 de Mayo de 2018

Estamos viviendo tiempos donde la inseguridad en nuestro Estado se ha incrementado y cada uno de nosotros lo percibe, el temor a sufrir lesiones en nuestra integridad, inclusive la perdida de la vida y por supuesto el menoscabo a nuestro patrimonio es algo con lo que se vive de manera cotidiana.

Ya no importa si es el Sur, Centro o Norte del Estado, la delincuencia se deja sentir a cada instante, por un tiempo ésta tenía características distintas dependiendo de cada zona, en la actualidad se nota que los delitos van teniendo homogeneidad en todo nuestro territorio.

En algún tiempo cuando se hablaba del incremento delictivo en algún Municipio, solía decirse que se trataba del “efecto cucaracha”, si se tratara de eso, entonces deberíamos sentir la disminución de los índices delictivos en otros Municipios del Estado, pero esa no es la realidad, en la actualidad ante lo que estamos es la expansión de la delincuencia.

Importante es valorar las estrategias que se plantearon inicialmente en materia de seguridad pública y de procuración de justicia, si no están cumpliendo los objetivos que se fijaron es el momento de reconocerlo y actuar en consecuencia, sin duda alguna cuando hay cambios se pueden esperar resultados distintos, pero si se continúa con las mismas formas de hacer las cosas, no esperemos entonces obtener resultados diferentes.

El primer cambio que se debe de dar es al interior de las instituciones encargadas de proteger y dar certeza jurídica a los ciudadanos y en el caso de Quintana Roo, también a los turistas que nos visitan.

El cambio al que me refiero no es únicamente en el sentido del equipamiento que sin duda, resulta de la mayor relevancia, pero el primer cambio es en relación al trato y condiciones laborales de mujeres y hombres que pertenecen a las referidas instituciones, se requiere sin duda de mayor personal, pero también de mejores sueldos, seguros de vida adecuados a la actividad que desempeñan, servicios de salud, y programas de estímulos y recompensas, que motiven a cada uno de ellos a dar lo mejor de sí.

Resolver problemáticas como dotarlos de los insumos que necesitan para laborar, papelería, tintas, vehículos con combustible, armamento, equipo de protección personal y por supuesto una capacitación constante que sea real y efectiva, no la capacitación que se pretende dar rápido solo para cumplir metas o requisitos.

A quienes se dedican a atender a los ciudadanos en materia de seguridad pública, constantemente se les da cursos de derechos humanos y se les menciona de la obligación de tratar bajo estos principios a quienes dirigen sus acciones, pero lo grave y absurdo, es que a ellos pocas veces se les trata con dignidad y respeto a sus derechos humanos.

Si seguramente dirán que los policías preventivos estatales o municipales, policías ministeriales, fiscales y todos quienes tienen que ver con la seguridad, son corruptos, pero no lo son todos, quienes incurran en esa forma de actuar seguramente es una minoría y evidentemente las malas acciones sobresalen más que las buenas; es el momento de que además de la acciones que deben tomar quienes nos gobiernan, los ciudadanos estemos dispuestos a cambiar y no salir como siempre con manifestaciones de que “quiere la autoridad que nosotros hagamos su trabajo”. No, la autoridad quiere poder contar con todos aquellos instrumentos que les permitan hacer una buena labor, también se requiere de jefes que dejen el escritorio y salgan a la calle que puedan conocer de manera directa la problemática real y el sentir de la ciudadanía.

Si de cuestionar las leyes se trata entonces hagámoslo a quienes las elaboran y aprueban, no a quién está obligado a cumplirlas.

Normalmente tratamos como ciudadanos de minimizar nuestras acciones cuestionando por ejemplo el porqué de una infracción de tránsito, o una detención por incurrir en una falta administrativa, pero no podemos olvidar que con eso que muchas veces calificamos como faltas menores se hace el camino que lleva a la comisión de delitos mayores. No seamos parte de la corrupción que tanto criticamos.

Sin duda en materia de seguridad pública hay mucho que decir, pero sobre todo hay más que hacer.

El convencimiento y la confianza de la ciudadanía en sus autoridades se construye con trabajo constante y con la obtención de resultados.

Seguramente no hay alguien que con su sola presencia pueda solucionar la problemática, que en materia de seguridad y procuración de justicia se percibe, si no se invierte real y efectivamente en lo que es necesario; además los mandos de estas instituciones necesitan poder actuar sin limitaciones de carácter político, para cumplir a cabalidad sus obligaciones para con la sociedad, y que el único límite a su accionar sea el respeto a las leyes.

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