Trump y Xi, los líderes más poderosos del mundo, se reúnen en Pekín

Un emperador al alza, muy al alza, y otro en horas bajas. El presidente chino, Xi Jinping, recién reforzado como el líder indiscutible de su país, y el estadounidense, Donald Trump, lastrado por unos bajos índices de popularidad y diversos escándalos, han comenzado este miércoles una serie de encuentros en Pekín que durarán dos días. Es una visita por todo lo alto: “una visita de Estado y más”, la ha descrito Cui Tiankai, el embajador chino en Washington. Tras una primera jornada de actividades culturales, los dos hablarán el jueves de Corea del Norte, de comercio, del mar del sur de China y de toda una gama de asuntos para dar forma a la relación bilateral más importante del mundo.

La “más que una visita de Estado” comenzó en la Ciudad Prohibida, la antigua residencia imperial, donde Xi y su esposa, Peng Liyuan, recibieron a la pareja Trump y vieron juntos un espectáculo de ópera tradicional. Un gesto para remarcar la relación especial entre los dos presidentes: normalmente, los jefes de Estado son recibidos en el formal Gran Palacio del Pueblo.

Ambos líderes mantienen una buena relación personal. Trump, que tiene debilidad por los líderes autoritarios, se ha deshecho en elogios sobre su homólogo chino, al que felicitó por su “elevación” en el 19 Congreso del Partido Comunista clausurado hace dos semanas. Y Xi, ha dicho, “me considera un amigo”. Los dos comparten una visión similar: si el uno quiere “hacer grande a Estados Unidos de nuevo”, el otro quiere hacer realidad “el sueño chino del rejuvenecimiento de la nación”.

Aunque ambos se encuentran en momentos distintos. Trump desarrolla su primera gira asiática bajo el peso de su baja popularidad en casa, el escándalo en torno a la influencia rusa en las elecciones que le han dado la presidencia -cumplirá el aniversario en Pekín-, y ahora, el reciente tiroteo en una iglesia de Texas que ha dejado al menos 26 muertos. Su visión de hacer grande a su país pasa por un repliegue dentro de sus fronteras.

En cambio, Xi ha quedado encumbrado como el líder con más poder de su país desde los tiempos de Mao. Su país se encuentra en ascenso y, según ha expuesto en el Congreso del partido, su plan es convertirlo en una gran potencia, con aspiraciones de liderazgo y mucha mayor presencia a partir de ahora en el escenario internacional. “No buscaremos la hegemonía militar o económica, no habrá imperialismo, pero no cederemos en lo que afecte a nuestra soberanía, seguridad o desarrollo, nuestros intereses básicos”, explica Li Yongcheng, de la Universidad de Estudios Internacionales en Pekín.

Las conversaciones se anuncian enjundiosas. Corea del Norte será el asunto dominante. China, el gran aliado de Pyongyang, ha movido fichas estos últimos meses: ha votado a favor de nuevas sanciones contra el régimen de Kim Jong-un y ha ordenado el cierre de las empresas norcoreanas en su territorio. Trump acaba de declarar que Xi “ha ayudado mucho. Veremos cuánto ha ayudado pronto”. Pero la Casa Blanca también puntualiza que aún hay comercio entre China y su vecino; y Pekín no parece dispuesto a presionar mucho más de lo que ya ha hecho.

El comercio será otro de los grandes asuntos a abordar. El presidente estadounidense se ha lamentado en varias ocasiones de lo que, en su opinión, es una relación desequilibrada netamente a favor de Pekín. “Nuestro déficit es masivo”, repetía el lunes en Tokio. El trato, sostenía, “tiene que ser recíproco”. China debe ofrecer igualdad de condiciones a las empresas e instituciones de EEUU, opina Washington. “No es solo el déficit comercial, sino realmente la tremenda desigualdad de condiciones, la transferencia forzosa de tecnología para las empresas estadounidenses y muchas otras cosas”, recordaba un alto funcionario estadounidense antes de llegar a la capital china.

 

Fuente: EL PAÍS

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