¡Justicia! por reconstrucción

Por: Normando Medina

Si el reglamento de construcciones de la Ciudad de México está considerado uno de los mejores del mundo, ¿porqué colapsaron tantos edificios? esta interrogante debe ser respondida por las autoridades de manera clara e inobjetable y actuar en consecuencia para que, si corresponde, los responsables asuman su responsabilidad penal y civil.

Uno de los slogan de la Unicef establece que “cuando un niño muere, una estrella se apaga en el cielo”. Lo normal es que vivan hasta desarrollar su ciclo completo, ¿cuántas de esas maravillosas estrellas se apagaron por negligencia en la tragedia de los sismos consecutivos que afectaron a Chiapas, Oaxaca, Puebla, Morelos, Estado de México y Ciudad de México? Si bien, la prioridad es la reconstrucción y devolverle algo de esperanza a quienes perdieron familiares, casa y trabajo, de ninguna manera debe haber perdón, ni olvido para los responsables de las muertes que pudieron evitarse. La negligencia, corrupción, discrecionalidad en la aplicación de leyes y reglamentos necesariamente tienen nombre y apellido.

No se trata de especular, ni de linchar públicamente a nadie. Se trata de un ejercicio democrático en el que los mexicanos exijamos que no prevalezca la impunidad una vez más. Es necesaria una investigación profunda con la participación de especialistas de la sociedad civil junto con las autoridades para que, ahora sí, los responsables respondan por sus actos y, eso quede como ejemplo y se minimice la posibilidad de que vuelva a ocurrir.

En Ciudad de México habían edificios con fallas estructurales antes del sismo del 19 del 2017. Algunos eran centros de trabajo. Otros, condominios y otros más escuelas. Algunos incluso, se construyeron con usos de suelo que ameritan una revisión o tenían modificaciones y ampliaciones irregulares que igual deben ser revisadas a profundidad. Sin lugar a dudas la pérdida de vidas humanas y el drama humano de quienes quedaron sin casa es lo más doloroso de la tragedia. Sin embargo, también merecen especial atención los edificios históricos, muchas iglesias entre ellos, que significan una enorme pérdida del patrimonio histórico y cultural de todos los mexicanos. La restauración implica también una labor titánica que no debe ser soslayada.

La generación de los millennials mexicanos, forjada en la competencia y castigada desde antes de nacer por el despilfarro y corrupción de las generaciones que los antecedieron y que prácticamente los condena anticipadamente a una vejez sin retiro digno, arrojados al mar de incertidumbre e inseguridad laboral y social. Sujetos a la ambición enajenante de medios de comunicación que no dejan lugar para la educación, cultura y valores. En la tragedia de los terremotos mostraron el más bello rostro humano, el de la SOLIDARIDAD CON MAYÚSCULAS. Mujeres y hombres jóvenes, con su vitalidad a flor de piel y humanismo deslumbrante tendiendo la mano a sus semejantes, sin escatimar nada. Aún a riesgo de su propia vida dejaron claro que nadie, absolutamente nadie, puede robarles la esperanza y que nadie lo dude, serán fundamentales para el rumbo que tome el país en el 2018.

Los partidos políticos, órganos electorales estatales y federales representan un enorme gasto para el país. En la actualidad tanto esos órganos electorales como los partidos políticos viven una profunda crisis de credibilidad. La ciudadanía los ve con desconfianza e incluso con desprecio. Sin embargo, esa no es razón para que de manera apresurada se decida suprimir el financiamiento público de los partidos políticos.

Es necesaria una reflexión más profunda y cuidadosa para evitar consecuencias funestas de algo que parece contar con la aprobación popular. En definitiva, los alrededor de 12 mil millones de pesos que recibirían en 2018 los partidos políticos y los más de 22 mil millones de pesos que ejercerá el mismo año el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) son demasiados y deben ser reducidos, mediante una fórmula justa que no dé ventaja a nadie.

También deben crearse mecanismos eficientes que impidan el financiamiento privado y del crimen organizado a las campañas políticas, ya que crea vínculos y compromisos de corrupción e impunidad. Suficientemente documentados están los casos de OHL y de Odebrecht por mencionar dos emblemáticos. Es urgente la verdadera ciudadanización de los órganos electorales federales y estatales que vayan más allá de la defensa de los intereses de los titulares del poder ejecutivo. Se deben tomar medidas eficientes para incentivar el voto y no limitarse a campañas de difusión onerosas y poco efectivas. Esto implica una revisión seria de seguir realizando votaciones los domingos que son de asueto y en muchos casos se destinan para prácticas religiosas o relacionadas con la idiosincrasia. En algunos países las votaciones son en días hábiles y quienes acuden a votar reciben el permiso de sus centros de trabajo para cumplir con esa obligación ciudadana. Es un tema complejo que merece análisis profundos y participación ciudadana y de especialistas.

Le llovió sobre mojado al ex gobernador de Quintana Roo y actual senador, Félix González, quien junto con un grupo de sus homólogos, el día del terremoto acudió por la noche a cenar festivamente en un lujoso restaurante argentino de Polanco. El portal lapoliticaonline.com.mx publicó el 20 de septiembre una nota titulada Gamboa muy molesto con los senadores del PRI que en plena tragedia cenaban en Polanco. La información detalló que “el jefe de la bancada priísta se indignó y cuestionó fuerte al organizador de la comida, el senador Félix González Canto”. De acuerdo con la misma información Gamboa le habría dicho que él y su grupo “estaban fuera de la realidad”. El mismo hecho fue publicado también en la columna política Templo Mayor de Fray Bartolomé. El también ex gobernador Roberto Borge, dice estar en huelga de hambre para atraer más reflectores. Por si faltaba algo.

¡Hasta la próxima!

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