De cara a la historia

Por Primitivo Alonso Alcocer

*La gesta de puebla y la última defensa de la soberanía nacional desde Quintana Roo. (Relato histórico)

Como es bien sabido, dos conmemoraciones fundamentales celebramos el próximo cinco de mayo: la batalla de Puebla entre los zuavos y los nacionales y la fundación de Chetumal ante la necesidad de contar con una seria presencia institucional en la frontera con Belice y Guatemala, especialmente por las incursiones inglesas peligrosamente activos cerca de las márgenes del Rio Hondo en la última década del siglo XIX.

Pasemos a lo primero. Siempre será un saludable ejercicio cívico el recordar que cerca de la Heroica Puebla de los Ángeles y teniendo como bastiones a los fuertes de Loreto y Guadalupe, las armas nacionales se cubrieron de gloria, como sentenciara el General en jefe del Ejército Mexicano Ignacio Zaragoza en su informe al presidente Benito Juárez, al derrotar al mejor ejército del mundo en aquel entonces comandado por el conde de Lorencez que, además de sufrir el escarnio de la derrota, tuvo que tragarse sus palabras de la supuesta superioridad de raza, cultura, armamento y religión del ejército galo, palabras que había utilizado para informar al emperador Luis Napoleón asegurándole que después de la inminente victoria, Francia estaba destinada a ser dueña de México.

La estrategia combinada de los generales Ignacio Zaragoza, Porfirio Díaz, Berriozábal y Negrete y el sentimiento colectivo de arrasar con el invasor que hollaba el suelo patrio, fueron los factores para alzarse con la victoria, proeza jamás esperada por Europa o los norteamericanos al derrotar el ejército mexicano a los zuavos en una épica batalla en donde el empuje de un auténtico mosaico nacional compuesto por soldados profesionales y una gran mayoría de voluntarios en la que destacaban los chinacos y los indígenas zacapoaxtlas, hicieron retroceder a los combatientes europeos destrozando sus columnas y arrebatándoles sus estandartes hasta que el toque de clarín de los invasores se alzó sobre el estruendo de la batalla con el toque de retirada. Aunque después Francia enviaría un ejército más numeroso y mejor equipado reduciendo a los nacionales, la batalla del 5 de mayo de 1862 esta consignada en los libros de historia como una autentica gesta de heroicidad en la defensa de México y sus instituciones; fue un parteaguas para que los propios norteamericanos tomaran provisiones al advertir la posibilidad que una vez enganchados en México, los franceses prosiguieran hacia su territorio lo cual no resultaba una idea descabellada tomando en cuenta su ejército, supuestamente el más profesional y el mejor pertrechado del mundo, y las amplias riquezas que disponía la Francia de Napoleón “el Pequeño”, como llamaba despectivamente al emperador el ilustre literato Víctor Hugo.

Los galos observaban con recelo la creciente dinámica de nuestros vecinos y advertían que podrían llegar a convertirse en una potencia que además de usufructuar los territorios de América “reservados” para Europa, con el paso del tiempo su influencia y poderío serían decisivos en los conflictos más álgidos a escala internacional como ha sucedido en la realidad. Reducir a Norteamérica desde México, era probablemente el objetivo mayor que justificó la aventura de Maximiliano de Hamburgo en nuestro país con el propósito que Francia jugara el papel de árbitro plenipotenciario que tuvo España por siglos y desde luego con la mayor de las ganancias, pero no prosperó por el propio talante liberal del príncipe europeo quien no se dejó manipular por el emperador galo, el avituallamiento bélico de Norteamérica y los problemas internos de Luis Napoleón que ya avizoraba una guerra con Prusia misma que se desató y fue adversa para los franceses quienes perdieron su hegemonía en Europa y por ende en el mundo.

Tiene mucho sentido que el propio gobierno estadounidense participe (ara) en la conmemoración de la batalla del cinco de mayo donde los gringos pudieron dimensionar lo que les esperaba de no haberse dado la tregua de más de un año que significó la victoria mexicana donde la valoración de los hechos puso a Norteamérica en estado de máxima alerta ante la posibilidad de una invasión francesa desde nuestro país para nulificar a la incipiente potencia y restar un adversario serio y convertirse en los dueños de América si les era posible.

En cuanto al estado de Quintana Roo, aquí se libró la última defensa de la soberanía nacional en el siglo XIX y lo he comentado en otras entregas pero ahora es más oportuno por la proximidad de la fecha clave y la relación entre este hecho histórico con la madre de todas las batallas nacionales.

Cuando los ingleses se posesionaron de gran parte del territorio de Belice, a través de incursiones filibusteras, su apetito expansionista no quedó satisfecho. Deseaban apropiarse de una buena porción de la parte Oriental de la Península de Yucatán, y para ello comenzaron con una labor de zapa suministrando armamento y municiones a los rebeldes mayas para tenerlos de su parte, lo que impedía la pacificación de una zona regada con sangre por casi medio siglo en la mal llamada Guerra de Castas, que fue en realidad una lucha social en donde los oprimidos se alzaron contra los opresores después de siglos del más cruel de los vasallajes. Merced al acuerdo bilateral Mariscal-St John en donde México reconocía la influencia inglesa en la zona que se habían agenciado y reconociendo al Rio Hondo como el límite geográfico, pareció que la embestida inglesa llegaría a su fin pero de nuevo recomenzaron sus incursiones más allá de la línea acuática limítrofe llegando a acampar, como señalaban nuestros mayores y algunos textos históricos, en lo que es hoy la avenida 22 de enero en una franca actitud provocativa especialmente durante el último lustro del siglo XIX. Con el pretexto de terminar de una vez por todas con la insurgencia maya, don Porfirio Díaz movilizaría a gran parte del ejército nacional y a la marina en donde se incluía además la fundación de Payo Obispo (la futura Chetumal), precisamente el día 5 de mayo pero de 1898 con el mensaje implícito que si ayer habíamos derrotado a la Francia en un día como el significado, las armas nacionales volverían a cubrirse de gloria si las circunstancias así lo sugerían.

Payo obispo fue en sus orígenes un enclave militar en donde se aposentó la Flotilla del Sur con su propio muelle paralelo al actual y cubriendo toda el área de lo que es hoy el Parque a la Madre, en tanto que el Ejército estableció sus instalaciones en donde actualmente está situado el Palacio de Gobierno sumando miles de efectivos.

La política disuasiva del presidente Díaz hizo retroceder al León ingles en sus pretensiones expansionistas, hito histórico que volvió las revueltas aguas a su nivel después de largas jornadas diplomáticas. La capital quintanarroense al nacer como mensaje del afianzamiento de nuestra soberanía y como síntesis claro del apotegma juarista, está motivada por lo más prístino de nuestro ser nacional que nos recuerda que el motor que mueve a los mexicanos debe estar centrado en el patriotismo, la dignidad nacional y el respeto a la libre determinación de los pueblos para forjarse el rostro que mejor los identifique. Las naciones dentro del concierto internacional tienen la obligación de crear ambientes de concordia que fertilicen la cooperación multilateral en aras del progreso y de la paz duradera. El destino de la humanidad no puede depender de peligrosos forcejeos entre los grandes y coscorrones o sacudidas sangrientas para los pequeños. Desde esta tierra luminosa donde asoma el astro rey para alumbrar a la República Mexicana, este escribidor desea que la luz inunde el corazón de todos los hermanos de la Tierra.

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